A un año del “Tetazo”

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Hace exactamente un año, tras un vejatorio operativo policial del que fueron víctimas tres mujeres en la ciudad balnearia de Necochea, el colectivo feminista era protagonista de una de las manifestaciones más potentes en reclamo por la soberanía de los cuerpos. El alto contenido simbólico y político del “Tetazo” realizado en el obelisco contra la discriminación y la censura, amerita el rescate de estas impresiones vertidas el día posterior y que continúan con triste y preocupante vigencia:

Si hay debate, ganaron las tetas.
Cruje nuestro patriarcado. Se escuchan los chirridos de una estructura anquilosada, cómoda en su funcionalidad al Dios mercado, o, por qué no decirlo, al falo capitalista.
¡Cuánta saraza por unas faloperas en tetas!, dice uno, o una (porque el machismo es una estructura social y mental de la que participamos hombres y mujeres), “hay cosas mucho más importantes primero” dice, con “sentido común” la negra Vernaci, sin reparar en lo que se esconde detrás de cada femicidio, sin terminar de mover los goznes de la puerta que nos encierra en nuestra estructura mental. Es comprensible.

Miles y miles de años escondieron las cadenas y los barrotes en el mejor lugar para invisibilizarlos: a la vista de todos. El corpiño, la blusa, el top… ocultan, tapan, censuran, al mismo tiempo que, como todo lo prohibido, instalan un deseo, subliman, fetichizan, libidinizan… No sé si notaron algo en las fotos del tetazo de ayer, algo faltaba aparte de los corpiños. El erotismo. La exhibición natural de algo tan natural como las tetas, desprovistas de corpiños u otros ropajes que las sugieran sin mostrarlas, y desprovistas, a su vez, de la parafernalia de poses y actitudes que acompañan cualquier foto comercial (las de Facebook incluidas), es un golpe a la mandíbula del sistema. Sugerir sin mostrar, lo sabe cualquiera, es aumentar la insatisfacción del observador y, por lo tanto, su deseo. Incluso decir senos, pechos u otro eufemismo, en lugar de decir tetas, es tapar y erotizar semánticamente.

En el tetazo de ayer vi de todo menos “senos”. Vi mujeres congregadas y organizadas para defender sus derechos, vi un nuevo y firme paso en la deconstrucción de una significación cultural, vi diversidad y libertad, vi coraje, mucho coraje, vi el sacudón que recibimos como sociedad y también vi negar el golpe, como hace el boxeador que recibe esa mano que lo conmociona. Ayer vi como las tetas se escapaban del sofisticado mecanismo que las esclaviza y las convierte a su vez en instrumento de dominación, y las vi transformarse en bandera revolucionaria. Claro que hubieron “excesos”, claro que en esa diversidad hubieron manifestaciones que “violaron” el derecho a la propiedad privada como alguna pintada fuera de lugar. Pero yo me pregunto. ¿Qué parte de que CADA 30 hs. hay un femicidio en Argentina no nos queda claro? ¿Qué parte de que si no combatimos esa matriz mental que nos atraviesa a todos y todas, esa estadística va a empeorar cada día? Ninguna revolución se hizo pidiendo permiso y sin molestar a nadie.

En ese pezón descubierto y colectivo que fue el tetazo de ayer, vi, todo junto y al mismo tiempo, como en un Aleph de carne y de sueños, el pasado, el presente y el futuro de nuestra humanidad. Porque hay algo que empezó y no va parar. Ellas no van a parar. Y si alguien creyó alguna vez que una sociedad más justa e igualitaria es posible, tiene que entender que NUESTRO patriarcado no dejó de chocarla desde la prehistoria, esa prehistoria de la que aún no salimos. Es tiempo de TETAS LIBRES, de mujeres que dicen NO. Tengamos la dignidad y la inteligencia de acompañarlas.

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  1. Horacio says

    Excelente analisis de lo que significo esa manifestacion sin precedentes.

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