Te lo resumo así nomás: rompiendo los mitos de la economía

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“¿Qué te pensas, que tengo la maquinita para fabricar billetes?”

Muchas veces, esa era la respuesta de mi padre ante el pedido de dinero para cubrir alguna necesidad. Con el tiempo entendí algunas cuestiones…
Un mito es una historia imaginaria que altera las verdaderas cualidades de una persona o de una cosa y le da más valor del que tienen en realidad. Un mito económico popularmente difundido es “la emisión monetaria es la causa de la inflación”.

El postulado esencial que sostiene esta teoría es que los aumentos autónomos en la cantidad de dinero repercuten en el aumento del nivel general de precios. Algunos redoblan la apuesta diciendo que estos aumentos obedecen al “financiamiento del déficit fiscal vía emisión monetaria, entonces reducir el déficit fiscal es esencial para bajar la inflación”. Para eso hay que bajar el gasto público, enfriar la demanda lo que implica afectar los ingresos de los trabajadores. De esta manera se considera que la inflación es una cuestión técnica y no política.

¿Por qué es un mito? Porque la inflación es un fenómeno económico, que como todo fenómeno económico, es social y político, y por lo tanto es multicausal. En realidad se trata de una tautología, ya que el flujo monetario es consecuencia y no causa de la actividad económica. Es decir que el dinero circulante financia el proceso productivo, por lo tanto, las medidas que se aplican basadas en la ortodoxia económica, potencian la recesión y el desempleo y no necesariamente la disminución de precios.

No existe relación positiva entre el dinero circulante y el nivel general de precios. Durante muchos periodos de la historia, los precios subieron y no lo hizo la emisión monetaria.
Bajo el argumento de “bajar la inflación”, se justifica la disminución del gasto público, básicamente el recorte de derechos adquiridos, como disminución de jubilaciones, pensiones a la discapacidad, recortes a la salud y educación.

El mito es reforzado por el fracaso de estas políticas antiinflacionarias aplicadas a lo largo de la historia, parafraseando a la ortodoxia que comienza sus postulados con la frase “en un país serio…” diríamos: “en un país serio, deberíamos buscar el origen de la inflación en los desequilibrios no monetarios, que obedecen a la organización económica y social, así como a la estructura productiva” (Dr. Julio Olivera en Inflación y estructura económica) Claro que esta visión implica analizar los problemas estructurales, la concentración económica y la distribución del ingreso, y esto por ahora no es un objetivo de política económica de la administración liberal del gobierno de la Alianza Cambiemos.

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