Te lo resumo así nomás: ¿Hacia la pobreza 0? o ¿hacia el 0 en bajar la pobreza?

0 42

No es un país desarrollado, en el que fuera de los restaurantes de lujo, tiene una larga fila de hambrientos, comiendo de sus sobras.

El relato económico ortodoxo, repite: “La pobreza se reduce a medida que la economía crece y más personas trabajan” “Si la economía no crece, no hay desarrollo posible” “Primero hay que crecer y después distribuir” “No se puede repartir lo que no se tiene”

Estas frases se repiten y el sentido común las naturaliza, pero…
Crecimiento económico no es sinónimo de desarrollo económico. El crecimiento económico se refiere al aumento del valor de producción de los bienes y servicios creados en un país o región durante un período determinado. El crecimiento se logra a partir de una mayor participación de los factores productivos -trabajo, recursos naturales y capital- o de mayor productividad en su utilización. No hay una variable en el crecimiento económico que refleje cómo participa cada uno de los propietarios de los factores productivos, o sea cómo se reparte la “torta del producto entre los que contribuyen a elaborarla”.

El desarrollo económico mide justamente cómo mejora la calidad de vida de las personas que viven en un país o región. Esta mejora a medida que su participación en el proceso productivo les reporta a las personas ingresos que les permitan satisfacer sus necesidades.
No se trata solo de ingresos monetarios, sino también de acceso a los bienes públicos como salud y educación que les permiten mejorar la calidad de vida.

Hablar de desarrollo económico, implica necesariamente hablar de redistribución del ingreso, que solo es posible a partir de las políticas públicas aplicadas en un Estado que entienda que él aun cuando la economía crezca, no “derrama” ya que la lógica del “mercado” no asegura la igualdad de oportunidades necesarias para la “libre competencia”.
La redistribución del ingreso es necesariamente uno de los objetivos de un Estado al que le interesa que todos los habitantes tengan derecho a disfrutar de los resultados del crecimiento económico. Las políticas redistributivas que favorecen el desarrollo son las que toman ingresos de los sectores que mayores ingresos tienen, a través de los impuestos, y los vuelcan en los sectores de menores ingresos, a partir de transferencias de dinero como pensiones, becas, asignaciones familiares y de un aumento de la inversión pública en salud y educación. Mejorando el presupuesto de esos rubros, a estas políticas se las denomina “de redistribución progresiva”. Estas políticas son criticadas por la “ortodoxia” del “sentido común”:  “populismo”, repiten como si fuera un insulto que dice que el Estado ahoga con los impuestos a los que tienen mayores ingresos y así evitan que estos inviertan y generen más empleo, y así “derramen” sus beneficios en la sociedad.

El último discurso del Presidente de la Nación, en la exposición ExpoAgro -los mayores productores agropecuarios de la Argentina- anunciaba la eliminación de controles del Estado. Las retenciones a la producción fueron eliminadas al principio de la gestión, así como la obligación de la venta de las divisas obtenidas por las exportaciones en el país por el lapso de 10 años. “Así van a tener más tiempo para pensar en mejorar la productividad e invertir”

Sin embargo, no funciona así el mercado. Los sectores que tienen más ingresos, no invierten más, sino que esa mayor rentabilidad la acumulan y generan una profundización de la desigualdad. Y el desarrollo es lo contrario, es disminuir la desigualdad. El crecimiento y el desarrollo son conceptos complementarios en la medida que la economía crece cuando reparte.

No es un país desarrollado, en el que fuera de los restaurantes de lujo, tiene una larga fila de hambrientos, comiendo de sus sobras.

Leave A Reply

Your email address will not be published.