Te lo resumo así nomás: Rompiendo mitos de la economía

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“No se puede gastar más de lo que se recauda”

 

“El mejor ministro de economía es un ama de casa, ella sabe cuánto dinero tiene y como administrarlo”

Frase del sentido común, sin sentido económico.

Durante el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, los Estados Nacionales se manejaban bajo este precepto.

Se gasta lo que se recauda. Un Estado “neutral”, donde su presencia sirva para garantizar el “orden”, la “seguridad” y la “justicia”, su papel económico quedaba reducido al “control”.

A partir de la crisis del 30, la teoría económica se renueva a partir de Don John Maynard Keynes, donde a partir de considerar al gasto público como una herramienta de estimulación económica, se logra remontar la crisis en los EE.UU.

Años después en la Teoría de la Hacienda Pública (1959), Richard Musgrave desarrolló su conocido modelo de la triple función que debería desempeñar el sector público en las economías contemporáneas. Una generación entera de economistas se educó, gracias a él, en la idea de que los estados contemporáneos deben tratar de mejorar la asignación de los recursos productivos, estabilizar la coyuntura mediante el manejo discrecional de los ingresos y los gastos públicos y redistribuir la renta a favor de los grupos menos favorecidos.

Musgrave, no era argentino, ni peronista; era alemán y enseñaba en Harvard, donde se doctoro y ejerció como profesor.

Paradójicamente hoy muchos “economistas modernos”, vuelven a la modernidad del siglo XIX y consideran que el Estado no debe intervenir ni en la estabilización y menos aún en redistribuir ingresos sobre todo en términos de “Robin Hood”, de arriba hacia abajo.

El gasto público, al aumentar la demanda agregada, porque forma parte de la misma, permite también aumentar la recaudación impositiva, y por lo tanto el “déficit primario”, o sea los ingresos menos los gastos, sin considerar intereses de la deuda, en el mediano plazo se autofinancian. Más gasto público, más empleo, más consumo, más producción, más inversión, más recaudación, y disminución del déficit.

Aun con una mirada “economicista”, con el gasto público, que se destina a salud y educación, se logra una mejora de la calidad de vida de la población y permite aumentar la capacidad productiva y las condiciones de productividad y eficiencia.

Seguir sosteniendo que “solo hay que gastar lo que se recauda”, es desconocer, las herramientas de política fiscal y monetaria  del Estado, es volver al siglo XIX, a la pobreza, explotación, analfabetismo, epidemias, y por lo pronto demuestra que muchos no pasaron, aunque sea críticamente, por la lectura de Don Richard Musgrave.

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