¿Qué significa repudiar el acuerdo con el FMI?

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La semana pasada el Concejo deliberante de Lomas de Zamora repudió el pedido de auxilio económico que el gobierno nacional realizó ante el Fondo Monetario Internacional.

No sólo porque lo consideran innecesario, sino porque sostienen que constituye un “retroceso histórico” para la Nación ya que implica el regreso a un esquema de dependencia económica en la que había caído el país antes de la crisis del 2001. Situación que el gobierno de Néstor Kirchner pudo comenzar a revertir, entre otras medidas, con su histórica decisión del año 2006 en la que decidió pagar la totalidad de la deuda con el organismo y así zafar de las condicionalidades impuestas.

Pero no todos los ediles del Concejo apoyaron la declaración pública. Como se esperaba el bloque de Cambiemos se negó. Y es comprensible que así sea.

En primer lugar porque forman parte de un gobierno que hizo las cosas tan mal que llegó al punto de tener la necesidad –siempre desde su propia lógica interna- de ir a pedir auxilio al FMI.

Repudiar el hecho sería entonces, no sólo reconocer que el gobierno llegó a un punto en que no puede más sólo, sino aceptar que su programa económico está a un pasito del fracaso.

Y en segundo lugar, porque para la coalición Cambiemos las recetas del FMI son parte de su propia plataforma. El ajuste que se viene, con sus secuelas de pobreza, hambre y exclusión, es el ABC del proyecto neoliberal al que adscribe esa formación política, más allá de los discursos edulcorados o marketineros que hablen de alegría o de un futuro prometedor.

Que haya concejeros de Cambiemos (que provienen de tradiciones radicales o peronistas) que se encuentren en un lugar incómodo –a partir de conveniencias personales- porque no desean esos resultados, no los exime de su complicidad con un proyecto manejado por CEOS de empresas, que tiene en las medidas del FMI el norte de su estrategia económica desde el primer día de gobierno.

Ellos no pueden repudiar al FMI porque hacerlo significa repudiar el proyecto económico del gobierno que ellos integran.

Trabajar políticamente para impedir el regreso del Fondo a la Argentina no es poner palos en la rueda al gobierno, sino todo lo contrario. Es tratar de frenar a tiempo males mayores.

Porque sabemos a partir de la memoria histórica de nuestro propio pueblo, de los fracasos que unos tras otros se sucedieron en los sucesivos gobiernos de la Argentina –desde Frondizi en adelante- y de las enseñanzas que nos dejan las experiencias de otros países del mundo donde las recetas ultra ortodoxas también fracasaron indefectiblemente es que sostenemos que oponerse al FMI significa entre otras cosas:

– Repudiar la marea de especulación financiera que Macri puso en marcha –la famosa bicicleta financiera llamada también carry trade- que desangró las arcas del Estado y obligó al equipo económico a ir a Washington a decirle a la directora del organismo multilateral que la Argentina necesita dinero y que suscribirá un acuerdo cueste lo que cueste.

– Repudiar al Fondo Monetario Internacional como institución, que como ya lo había advertido Néstor Kirchner, desertó de la misión para el que fue creado y  pasó de ser la garantía global para impedir que la especulación destroce las finanzas mundiales, para convertirse en personeros de los propios especuladores y actuar como garantes de las ganancias del mundo financiero en detrimento de los Estados y de la población.

-Repudiar un nuevo endeudamiento. Ya que no servirá para ningún tipo de inversión para el país sino para mantener infladas las ruedas de la bicicleta financiera. Deuda que se incrementará con el tiempo y que deberán pagar las generaciones futuras.

-Repudiar las condicionalidades que traerá el crédito. Que implicarán una lógica de ajuste permanente. Las declaraciones altisonantes que sostienen que el FMI cambió no pueden desmentir lo que marca la historia, ratifican los acuerdos previos firmados en todas partes del mundo y sella el estatuto del mismo FMI.

-Saber que serán los sectores populares los más castigados. Porque el FMI reclamará bajar jubilaciones, flexibilizar los contratos de trabajo, privatizar los servicios de salud y educación tanto como se pueda, vender activos del Estado como YPF o AYSA entre otras, terminar o disminuir los programas de ayuda social como la AUH.

-Ser conscientes que un proceso de ajuste salvaje conducirá a una crisis económica, social y política que puede derivar en sucesos de violencia que es deber de todos y todas evitar.

-Saber que queremos y deseamos una Patria justa, libre y soberana.

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