El neoliberalismo y la falacia del déficit

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El imaginario neoliberal recorre las calles y se apropia de las cabezas de los desprevenidos. Detrás de un jubilado, un trabajador, un estudiante, un desempleado, la voz del sentido común repite como un alienado “esto se soluciona cuando bajemos el déficit fiscal”

Y así como una oración laica, lo repiten hasta el cansancio, sin comprender, o sí, que esa receta
lo perjudicara más que lo beneficiara.

La disminución del déficit fiscal significa que jubilaciones, pensiones, salarios estatales, obras
públicas, salud, educación, y todos los bienes públicos, o sea los derechos, disminuyan. Este
“ahorro” repercute negativamente en la recaudación impositiva. No hay que olvidar que la
recaudación impositiva se apoya en un 60% en impuestos indirectos, que son los dependen del
nivel de actividad económica, básicamente del consumo.

Entonces, bajar el gasto público empeora el déficit, no lo mejora. En este caso cabe recordar el recorte salarial aplicado por el gobierno de la Alianza, allá por el 2001. Bajar el gasto público, “ser austeros”, como les gusta decir a algunos, deriva en un mayor déficit y un mayor endeudamiento.

¿Y por qué sucede esto?

Porque el problema, es el sector externo. Las medidas de apertura, liberación de controles al
ingreso y egreso de capitales, así como la eliminación de plazos para la liquidación de divisas
por parte de los exportadores, agravan el eterno problema: “la restricción externa”.

Estas medidas tomadas durante las primeras semanas del gobierno de Cambiemos, descansaban en la idea de que generarían “confianza”, y con ello expectativas positivas que impulsarían ingreso de capitales internacionales que fortalecerían el desarrollo.

De hecho, no sólo no se produjo la “lluvia de inversiones”, sino que el ajuste dio por resultado un aumento del desempleo y una caída de la producción que se retroalimentan en un círculo vicioso.

¿Cuál es la salida?

Se debería tomar el frente externo, limitar la salida de divisas, controlar el ingreso de importaciones y volver al límite de 180 días para liquidar exportaciones. Desde el sector público, volver a aplicar políticas anti cíclicas, reestructurando los ingresos de los trabajadores, jubilados, pensionados, asignaciones y salario familiar. De esta manera se estimula el sector privado.

La inflación, por otro lado, se maneja con control de precios y subsidios a las tarifas. Desdolarizando las mismas y a los combustibles. Con respecto al déficit público, déjenlo en paz, que con una economía viva se autofinancia. La experiencia neoliberal no dio resultado nunca.

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