Es Tuyo, del Barrio, de Todes

Música del submundo: el comienzo de Los Piojos

El próximo 30 de mayo se cumplen diez años de la separación de una de las bandas más importantes del rock nacional. En esta nota, la primera de una serie producida por El Numeral junto a Radio Contempo, conocé los primeros años de la historia de Los Piojos.

Hacia fines de 1986, en El Palomar, empezó a construirse la historia de una de las bandas fundamentales del rock nacional. Hacía tiempo que Miguel Ángel «Micky» Rodriguez, Daniel «Piti» Fernandez, Juan Villagra y Diego Chávez eran fanáticos de Los Perros Calientes y de tanto seguir a la banda liderada por Fabiana Cantilo se convirtieron en sus plomos. De una de sus canciones, llamada Los Piojos del Submundo, tomaron el nombre de la incipiente banda. Fue así que los cuatro amigos junto a Daniel Buira y Rosana Obeaga dieron vida a Los Piojos.

Desde el comienzo hasta el año 1989, mientras la banda se concentraba en ensayar su incipiente repertorio formado por pocas canciones propias y varios y variados covers, se sucedieron una serie de cambios en los integrantes: Pablo Guerra reemplazó a Villagra en la guitarra, Andrés Ciro Martínez tomó, por poco tiempo, el lugar de Micky en el bajo y, a su vuelta, pasó a ser la voz principal del proyecto en lugar de Chávez.

Algunas fuentes, pocas, señalan que la primera fecha en vivo de la banda fue a fines de 1988 en un pub de Ciudad Jardín que se llamaba La Molienda. Lo cierto es que para el año siguiente ya tocaban en escenarios chicos del Gran Buenos Aires como el Teatro Arlequines, el Teatro Arpegios y Die Schule, entre otros.

En 1991, con apenas dos años sobre los escenarios y gracias su mánager de la época Osvaldo González, viajaron a Francia para participar del festival Los Suburbios al Aire, un festival anti racista que se realizó en Bondy, suburbio de Francia hoy celebre por ser la cuna del futbolista Kylian Mbappé.

Pero no se puede hablar del rock en esa época sin hacer referencia a Cemento, la discoteca que vio pasar por su escenario a casi todas las grandes bandas del rock nacional desde los 80 hasta su cierre en 2004. Los Piojos tocaban ahí desde sus primeras presentaciones en 1989 y fue ese el lugar elegido en 1991, a la vuelta de Francia, para presentar a Gustavo «Tavo» Kupinski, guitarrista que reemplazó a Pablo Guerra cuando este partió para formar parte de Los Caballeros de la Quema. Durante esos años, no fueron pocas las veces en las que Eduardo «Skay» Beilinson, guitarrista de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, subió al escenario a tocar con la banda. El padrinazgo que «los redondos» ejercían sobre ella resultó determinante ya que fue Carmen Castro, mánager de la banda platense más conocida como La Negra Poli, quien los recomendó al productor Gustavo Gauvry, fundador del sello Del Cielito Records.

Al año siguiente, una vez firmado el primer contrato con DBN, Los Piojos estrenaron su debut discográfico: Chactuchac. El disco, grabado en el invierno de 1992 en los estudios Del Cielito, fue presentado en agosto de ese mismo año. La banda estaba conformada, en ese entonces, por Ciro en voz, armónica y guitarra, Piti en guitarra y coros, Micky en bajo y coros, Tavo en guitarra y coros, Daniel Buira en batería y Lisa Di Cione, que dejaría la banda antes del próximo trabajo, en teclados. Chactuchac fue el comienzo de la tetralogía discográfica que marcaría los primeros diez años de la banda.

En 1993 llegó el último Cemento de Los Piojos: después de una fecha donde se esperaba por lo menos a 500 personas y solo fueron 40, la relación con su mánager se terminó. La banda comenzaba a viajar y a sorprenderse, como lo recordó Ciro el año pasado en una entrevista con La Nueva: «Bahía (Blanca) fue el primer lugar del interior donde a Los Piojos nos sorprendió la cantidad de gente que había. Recién habíamos editado el primer disco Chactuchac. Una chica se había llevado una copia del disco en un show en Capital, creo que antes de que se editara oficialmente, y se lo dio a un amigo que lo difundió acá de manera medio piratesca. Cuando llegamos a uno de los recitales había cerca de 500 personas. Era la primera vez que veíamos tanta gente fuera de Buenos Aires y encima conocían los temas».

A fines de 1994 llegó la presentación de Ay Ay Ay, el segundo disco. Además de sumar a Alfredo Toth y a Adrián Bilbao como productores, la banda ensayó un mes antes de entrar a grabar. Ambos factores, sumados al sonido limpio logrado nuevamente en los estudios Del Cielito, lograron posicionar al nuevo trabajo como el inicio del reconocimiento masivo de la banda. Babilonia, segunda canción del disco, se convirtió en la elegida para grabar el primer videoclip.

Hacia fines de ese año, con dos discos bajo el brazo, Los Piojos comenzaron a convertirse en una banda federal. Habían pasado cinco años desde sus primeras fechas y podía comenzar a verse en lo que iban a convertirse. La consagración estaba cerca.

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