La amistad y cuánto puede cambiar sin darnos tregua

En el marco del Día del amigo, reflexionamos sobre la construcción de un vínculo amistoso y cómo transitamos los cambios y las rupturas. ¿Se duelan las amistades?

La construcción de un vínculo amistoso puede llevar horas, días, meses e incluso años. Poder determinar que alguien es tu amigo, amiga o amigue es algo tan subjetivo como personal y cada quien entiende sus tiempos y su espacio.

Después de un tiempo, para muchas personas hacer nuevas amistades se vuelve difícil y engorroso y aferrarse a lo viejo conocido suele ser suficiente y necesario. Pero, ¿Qué hacemos cuándo un amigo se va? ¿Cómo respondemos ante esa ausencia inesperada o que se fue forjando con el tiempo y notamos cuando ya es demasiado tarde?

La distancia puede ser una causal del agotamiento y el desgaste, también los desacuerdos, los nuevos vínculos o distintos caminos. La distancia puede transformar agresivamente la amistad, se sostiene por un tiempo por videollamadas, mensajes a toda hora y el acercamiento entre redes. Con los meses, esa distancia marca otro precedente.

Tu amiga de toda la vida se va a vivir a otro país, con doce horas de diferencia. Cuando terminas de trabajar, se está levantando. Cuando estás durmiendo, está despierta. Las coincidencias se achatan y el brillo que sostuvo la amistad empieza a apagarse. Vos no lo sabes, ella tampoco lo sabe. Nadie sabe, hasta que empieza a suceder.

De golpe lo que disfrutaban compartir, lo reformulan con otras personas. Y está bien. Los vínculos humanos no son estáticos, ni permanentes, ¿Pero te la viste venir? Todo se vuelve nostalgia y desarraigo.

Todos creemos que sabemos cómo actuar frente a una ruptura amorosa. Sabemos que va a doler y que va a ser difícil avanzar cuando lo tenían todo planeado. Pero con una amiga, no te la ves venir. Y la pérdida es terrible, dolorosa e incluso reflexiva.

Y no se trata simplemente de la ausencia por distancia. Tampoco nos preparamos para duelar amistades que se van, que mueren, que se escurren.

La familia es la familia, pero la familia que elegimos para transitar nuestra vida es algo distinto, diverso y superior. Te elijo para que estés, para que te quedes, para que me llames cuando me necesites. También te elijo porque te quiero, porque nunca soy tan feliz como cuando el plan es sentarnos en el sillón, tomar mate y comer chipacito.

¿Qué hago si no estás? Y no por necesitarte, ni para forzar nada. Sino esa relación que es tan libre que parece eterna, que los silencios no son estresantes y el mal humor es respetado. También es el sacudón a tiempo, el ‘despertate’ cuando estás errando.

Duelos normalizados, duelos dolorosos

En este «Día del amigx» uno elige el camino que quiere tomar: ir con los tapones de punta porque se trata de una fecha comercial, o reflexionar al respecto.

A lo largo de mi vida elegí la primera opción, por ogro y por desatino. Sin embargo, en un contexto de exilio, esta vez decidí reflexionar. Por un lado, las amistades que se fueron y perdí sin demasiados pretextos… Por otro lado, las que de un día para el otro cambiaron para siempre.

También se me hizo un nudo en el pecho imaginando situaciones extremas y aún más inesperadas. ¿Cómo te ves en la faz del mundo sin aquel amigo o amiga que creías que envejecía a tu lado y decide irse, así como así? La culpa por no haberte dado cuenta antes, la tristeza de saber que pudiste hacer más y el dolor de saber que no hay vuelta atrás. «Así como así», porque decir «se suicidó» parece un tabú horrendo, difícil de atravesar. También porque desde afuera siempre es fácil minimizar lo que la otra persona sufre, vive y atraviesa.

Entonces, ¿Qué implica ser amiga de alguien? Hay quienes reclaman de un amigo la presencia permanente, el oído cuando hay de que hablar y el reclamo ante una ausencia inesperada. También hay quienes entienden que como todo vínculo, uno da lo que puede y cuando puede o quiere.

Para otros la amistad se configura por risas y valores compartidos, por necesidad y admiración. La «gente piola» está siempre, aunque no siempre están las mismas personas en las buenas y en las malas. Hay tantas amistades como personas, tantos sentimientos como formas de vincularnos.

Hoy, en el Día de la amistad, te invito a preguntarte por qué tus amigos son tus amigos y qué pasaría si un día no están. Un bajón, sí. Pero de alguna forma es una invitación para tenerlos presentes, escucharse y decirse al menos un poquito lo mucho que se quieren. Después no sabemos que puede pasar.

 

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