Las fake news y su daño colateral

Como daño colateral de la prometida sociedad de la información, la cantidad de información falsa que circula en internet hace pertinente reflexionar si se trata de una práctica propia de los medios digitales o si puede pensarse como un problema poco novedoso e intrínseco al periodismo cualquiera fuera su soporte.

Por Leonardo Murolo – 

Doctor en Comunicación (FPyCS-UNLP), Licenciado en Comunicación Social (UNQ), Director de la Licenciatura en Comunicación Social UNQ. Director del Proyecto de Investigación Nuevas Pantallas.



La falta de chequeo de la información o la intencionalidad en la falsedad, son problemas que existen desde que el periodismo es periodismo. Asimismo, la cantidad de usuarios que se informa mediante redes sociales virtuales, principalmente Facebook y Twitter, actualiza el problema de la credibilidad de la información que por allí circula. Es por ello que estas empresas que no producen contenidos dicen procurar políticas tendientes a disminuir la información falsa que sus usuarios viralizan en su interior.  

Por otra parte, las fake news no solamente se posicionan como una narrativa de las redes sociales virtuales similares a otras que buscan entretener o ironizar, sino que se asientan en un régimen de verosimilitud que busca posicionar intereses específicos de determinados sectores de poder ante temas de interés general. En el terreno de los usos, asientan su efectividad en la manera inmediata y efímera de circulación de la comunicación contemporánea. Encuentran su potencia en ciertas formas de apropiación de la telefonía móvil como la práctica de deslizar (scroll) el cursor para ver la información siguiente. Este consumo veloz de información de lo más diversa propone ver desde estados y fotografías hasta enlaces a noticias de las que se lee solamente un título y a lo sumo una bajada. Para acceder a estas notas completas es necesario clickear en el enlace que se abrirá en otra página. Las audiencias alfabetizadas en la práctica del scrolleo propia de páginas web, Facebook, Twitter e Instagram, no se detienen en la vorágine a abrir cada enlace y se conforman con consumir la miscelánea de información sin profundizar. Allí las fake news asumen una enorme potencia enunciadas simplemente en una oración acompañada de una imagen tendenciosa que a veces alcanza para dejar huella en los imaginarios sociales. Finalmente, logran la viralización en la práctica de compartir o retwittear.

Los productores de estas trampas reconocen que la condición de efectividad de las fake news no solamente se justifica en la instantaneidad y velocidad de los consumos mediáticos en las redes, sino también en el contenido ya que se asientan en un imaginario previamente incorporado alrededor de determinados temas, actores y acontecimientos, que en los últimos años se ha popularizado como “posverdad”.

No obstante el periodismo trabaja con construcciones de acontecimientos y no con verdades, la posverdad pone el foco en debilitar los datos y las evidencias. La posverdad es entonces una condición previa y elaborada para que el apilamiento de fake news alrededor de determinado tema sea creíble y reproducido por las audiencias. En este sentido, una posverdad es una idea, un imaginario, un conjunto de representaciones sociales o sentidos ya incorporados por las audiencias y desde donde son posibles fake news que refieren a esa idea afirmándola o ampliándola.

Por parte de la insistencia de medios de comunicación y formadores de opinión, se proponen  esquemas de percepción alrededor de temas que se generalizan afirmándose como veraces, de este modo se afianzan proponiendo estructuras desde donde pensar la realidad intentando borrar las instancias de crítica.

La posverdad no solamente es mentira, sino que se construye con noticias falsas de las cuales no importa su falsedad porque operan como reafirmación de aquello que las audiencias previamente han incorporado como verdadero. Puntualmente, opera más en el plano emocional que en el racional, tiene sustento más en los sentimientos construidos previamente que en los hechos contrastables.

De todos modos, tanto la posverdad a modo de imaginario, como las fake news que la sustenta, deben estar construidas bajo el rigor de la verosimilitud. No de una verdad filosófica, ni de una realidad chequeable, sino de una posibilidad de ser. No se asientan en la lógica disparatada del meme ni del sarcasmo del gif, sino en la estructura probada de los géneros periodísticos y de la reiteración mediática.

Como prescripción, solamente queda lo mismo que para los demás medios -tradicionales y analógicos- la educación alrededor del consumo de información, la constatación de fuentes y la mirada crítica. Finalmente, la constitución ciudadana de audiencias comprometidas con la información, entendiéndola como un derecho y no como una mercancía.

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