Romper con la maternidad cosificada

En el día de la madre, tratemos de salir a deconstruir los mensajes que dejan los medios, que poco aportan a una crianza sana. Y repensar, sobre todo repensar, qué queremos decir cuando reforzamos estereotipos.

Está demostradísimo que las mujeres somos consideradas un producto a vender. Es casi una performance integral la que se realiza minuciosamente, sobre todo -pero no únicamente-, desde la televisión y las revistas. No solo necesitan vendernos cómo tenemos que ser, también apelan a cuestionar nuestros cuerpos y afirman cómo, cuándo y qué está bien. Lo hacen en la diaria, ¿por qué no durante la maternidad? Siempre en juego el placer de un otrx, nunca el nuestro.

«Griselda Siciliani bajó 25 kilos después de ser mamá» tituló Clarín en 2012. ¿Cómo logro la espléndida Griselda bajar esa cantidad de kilos? «Una estricta dieta y ejercicios semanales». La hija de la actriz nació en junio de ese año y la nota de Clarín es de noviembre. Esto quiere decir que Griselda, en solo cinco meses, volvió a la carga. Entrenó, «se armó un gimnasio en la casa» -dato real- y comió colaciones ocho veces al día para lograr perder ese peso.

Vos, mujer, madre, puerpera intensa, en tu casa, con tus pocas horas de sueño, lees eso y te sentís en falta. No sólo nos hacen sentir en falta cuando nos muestran los miles de lujos que los famosos compran para sus hijos e hijas, también nos hacen sentir fatales cuando el espejo no te devuelve la figura que recordabas.

Revista Gente: «Pampita presentó a su hijo, cómo hizo para recuperó sus curvas a solo un mes de ser mamá.» Los invito a que escriban en Google «cómo recuperó» y el buscador solo va a escribir «su peso después del parto». Si buscamos ese concepto en la RAE, entendemos por qué los medios la usan tanto: «Volver a poner en servicio lo que ya estaba inservible.»

Y si, así nos ven. Si estamos gordas, flácidas o con estrías, las mujeres no servimos para nada. Volver a ponernos al «servicio» sería estar nuevamente preparadas para que el sistema nos acepte.

La pregunta tal vez sería, ¿hay algo que recuperar? Nada se perdió, nos transformamos. ¿Nuestro cuerpo puede volver a ser el de antes si nosotras, luego de ser madres, nunca volveremos a ser las mismas?

Hablemos de maternar

Ilustración: Ro Ferrer

Sin duda poco se habla desde la cotidiana. Mucho se emparcha, se tiñe de rosa y se le pegan volados para vender chirimbolos. Pero también se atenta contra esa mujer o cuerpxs gestantxs que en la soledad de su casa, con su cría a cuestas, debe cumplir con los mandatos que le impone un sistema que la excluye. Salvo que entres de casualidad en los moldes establecidos.

Nos entregamos a la cosificación constante. Cuando no nos permitimos empoderarnos y caer en la realidad de que tuvimos la fuerza para traer una vida al mundo.

Ya Galeano nos hablaba de «la cultura de la impotencia»: «Te enseña a no pensar con tu cabeza, a no sentir con tu propio corazón, y a no moverte con tus propias piernas. Te entrena para andar en silla de ruedas, para repetir ideas ajenas y para experimentar emociones que no son las tuyas.»

Por eso, sigamos poniendo el cuerpo, pero para que nuestrxs hijxs crezcan sanos, para educarlos responsablemente y enseñarles a alejarse de esos estereotipos impuestos. Ellxs agradecen todo lo que les enseñamos, por pequeño que sea y ayudarlos a crecer libres es el mejor regalo que podemos hacerles.

En este día y cada día, hablemos de maternidades deseadas, conscientes y responsables. Hablemos desde los deseos, el placer y la fuerza del vínculo con un hijx que supimos desear y querer. Hablemos de la fuerza del amor. 

 

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