La democracia que defendemos

Desde 2007 se conmemora el Día Internacional de la Democracia para consolidar el valor y la importancia de la voluntad de pueblo.

El Día Internacional de la Democracia es uno de los acontecimientos de mayor importancia a nivel mundial. Esta forma de gobierno, que en este momento se ve avasallada por la predominancia de los discursos de odio, se adquirió como un valor universal que incluye el respeto a la voluntad del pueblo.

La declaración de este día surgió en las Conferencias Internacionales sobre Democracias Nuevas y Restauradas que comenzaron en 1988 por iniciativa de María Corazón Aquino. La filipina fue elegida presidenta en 1986 tras 20 años de dictadura de Ferdinand Marcos.

Aquel hecho que significó la Revolución Pacífica del Poder del Pueblo, marcó un precedente único, que se replicaría en varias partes del mundo y representa la defensa de un sistema democrático.

La avanzada de la derecha

En Argentina, la democracia tiene un valor que creímos indiscutible. Sin embargo, la violencia institucional, los discursos de odio y las manifestaciones que atentan a la voluntad del pueblo son cada vez más recurrentes.

Celebramos y abrazamos la toma de las calles, los derechos humanos esenciales, la libertad de expresión y la posibilidad de definir quienes son nuestros representantes. Pero no alcanza. La violencia no cesa. Los medios de comunicación fogonean la violencia, la esparcen y se sorprenden cuando las acciones van más allá de las palabras.

Una vicepresidenta pudo ser asesinada y ese intento de magnicidio muestra a un sistema que tambalea, que está forjado por la lucha de las masas, pero empujado al abismo por la derecha más violenta. Los medios replican, las redes maximizan y los legisladores se aprovechan. Dudar de un hecho de violencia, es el primer paso para permitir que se siga destruyendo con impunidad.

A las calles salimos porque desde el regreso de la democracia comprendimos el valor y la necesidad de contar con un sistema realmente representativo. Salimos porque no tenemos miedo y porque el pecho se pone cuando la derecha avanza.

La violencia se expande por todo el mundo, pero se profundiza en América Latina. En Chile el rechazo a la nueva constitución, en Brasil los militantes bolsonaristas persiguiendo a quienes acompañan y defienden a Lula y en Argentina, el temor crece y el odio también.

El discurso de «son todos fanáticos» siempre parece aplicar al mismo sector, mientras que los que agreden, piden la cabeza de mandatarios y persiguen militantes, siempre vienen del mismo lado.

Para la prosperidad de la democracia, necesitamos reformular los discursos, cuestionarlos y discutirlos. Necesitamos ponerle fin y construir desde nuestro rol como comunicadores, comunicadoras, ciudadanos libres y soberanos.

Y es tan necesario como urgente ponerle fin a la violencia mediática y a la banalización de las amenazas, la persecusión y la violencia política. Nos costó años de esfuerzo y lucha, no lo minimicemos ahora, ni nunca.

 

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