Salarios en caída libre: cada vez alcanza para menos y el ajuste se siente en la mesa

El ajuste ya no se discute en abstracto: se mastica todos los días. Un informe sobre el poder adquisitivo elaborado por IDEAL Avellaneda expone con crudeza lo que millones de argentinos viven en silencio: el salario mínimo perdió hasta dos tercios de su capacidad de compra desde 2015.

06-04-2026 El Numeral – No es una interpretación. Es una radiografía. La comparación es directa y brutal: cuánto se podía comprar antes y cuánto ahora. En 2015, un salario mínimo alcanzaba para 224 kilos de pan; en 2026, apenas llega a 100. La leche cae de 559 a 235 litros. La carne, símbolo histórico de la mesa argentina, se desploma de 93 a 16 kilos. El pollo pasa de 186 a 59, y el cerdo de 160 a 53.

Traducido: el ingreso no desaparece, pero se achica. Y lo hace donde más duele.

En 2022, la expresidenta Cristina Kirchner recordó las palabras del 9 de Diciembre de 2015 en Plaza de Mayo, cuadno dejaba su gobierno ante una multitud. “No les importa nada, van por todo, pero no por mí. Se los dije una vez antes de irme como Presidenta: no vienen por mí, vienen por ustedes, por los salarios, los derechos de los trabajadores, de los jubilados, del endeudamiento. Vienen y vinieron por eso, y por eso hoy todavía estamos pagando esas consecuencias” afirmó.

“El sueldo te dura una semana, después empezás a sobrevivir”, cuenta Marta, trabajadora de limpieza en Avellaneda. “Antes por lo menos podías stockearte algo. Hoy comprás para el día”.

La explicación técnica es conocida, pero no por eso menos grave: los salarios suben en términos nominales, pero pierden sistemáticamente contra la inflación. El resultado es una caída persistente del salario real, ese que mide la capacidad concreta de compra.

El punto de quiebre más reciente tiene fecha: diciembre de 2023. La devaluación impulsó un salto inflacionario que todavía hoy no logra ser absorbido por los salarios. Desde entonces, la recuperación quedó en promesas o, en el mejor de los casos, en parches que no alcanzan.

Las proyecciones hacia 2026 no traen alivio. Por el contrario, distintos análisis coinciden en que el poder adquisitivo seguirá bajo presión. Es decir: el problema no pasó, se está consolidando.

En los barrios, eso ya se traduce en decisiones concretas. Menos carne, más harinas. Menos cantidad, menos calidad.

“Dejamos de comprar carne todas las semanas. Es imposible”, dice Luis, empleado de comercio. “Y eso no es un lujo, era lo normal”.

El trasfondo es político, aunque se intente disimularlo en tecnicismos. Porque cuando el salario pierde contra la inflación durante años, lo que está en juego no es solo una variable económica: es el modelo de país.

¿Quién absorbe el ajuste? ¿Quién paga el costo de estabilizar? habían prometido que lo haría «La Casta». Hoy, mas casta que nunca. Sin embargo, la respuesta parece clara: los que viven de un ingreso fijo.

El informe de IDEAL Avellaneda no hace más que ponerle números a algo que ya se siente en cada changuito: el salario mínimo dejó de garantizar lo mínimo.

Y cuando eso pasa, ya no estamos hablando solo de economía.

Estamos hablando de cómo se vive, de transferencias de recursos, y queda expuesto para quienes gobierna la actual administración.

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