Es Tuyo, del Barrio, de Todes

Violar en manada: una costumbre de machos

Una adolescente de 14 años fue abusada sexualmente por cinco hombres en un camping de Miramar. El año cambia, las prácticas se reproducen.

El 2019 comenzó con Lucas Pitman (21), Emanuel Diaz (23), Tomás Jaime (23), Roberto Costa (21) y Juan Cruz Villalba (23) acusados por abuso sexual con acceso carnal agravado. 

¿Por qué frente a un abuso sexual lo primero que se hace es cuestionar a la víctima? ¿Por qué a un violador no se lo percibe con la misma dureza que a una persona abusada? ¿Por qué a lo largo y ancho del país, apuntamos facilmente contra un ladrón pero no contra un violador?

Los abusos sexuales representan la violencia sistematizada que vivimos, día a día. Cuando un solo hombre abusa, impone poder. Pero, cuando lo hacen cinco, también buscan ser, entre sus pares, más viriles. La masculinidad está en juego: te violo para demostrarles a ellos que puedo. No se trata de placer sexual, se trata de una expresión de poder y dominación.

La autora de Estructurales elementales de la violencia, Rita Segato, sostiene que la persona que perpetra un crimen de índole sexual, lo hace teniendo en su horizonte mental a otro u otros hombres. Demostrar, distinguirse. La fragilidad de las masculinidades se refleja en actos que no buscan más que enaltecer su capacidad probatoria de poder. El poder como respuesta de una asimetría simbólica y cultural. El poder como correctivo o punitivismo. ¿Debemos agradecer frente a un otro forzándome a la penetración, al sexo oral impuesto, al manoseo humillante?

Un periodista de Clarín escribió: «Botellas de fernet y alcohol por todos lados. Una carpa del horror. Descontrol. Una chica de 14 años que no debió estar allí, sino con sus padres y su hermano festejando el Año Nuevo, en otra carpa. Todo terminó mal, con cinco hombres acusados por violación, detenidos por la policía.»

Como la violencia sexual, la simbólica está en todas partes. Ahí donde no la percibís, donde no sentís lo violento y culpabilizante que es. Bajo el concepto de romantizar la escritura frente a situaciones de «horror», el periodismo tradicional recae en una costumbre: la víctima es culpable.

No se busca cuestionar por qué cinco hombres decidieron, en manada, aprovecharse en número y edades de una adolescente de catorce años. En un sólo párrafo, sesgado de puritanismo propio de la doble moral, la culpó a ella y a su familia. Con un sesgo lastimoso, «cinco hombres terminaron acusados por violación.» Como si fuera elección, de goce y disfrute, que te violen.

Por el caso, relevaron al subcomisario Andrés Caballero por obstaculizar el proceso de investigación y por su mal desempeño.

 

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