Niñas, con mayúsculas

Las infancias libres, las niñas jugando y la maternidad deseada y responsable. Desde #ElNumeral repudiamos todo acto que vulnere los derechos de las niñas, considerando la maternidad infantil la consecuencia de un abuso sexual.

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Los pañuelos verdes siguen agitándose, más allá de la voluntad política de la Cámara de Senadores. Los pañuelos verdes se siguen agitando porque la decisión de interrumpir un embarazo no deseado debe ser individual, responsable y seguro. Los pañuelos no se guardan, porque como símbolo político representa a un colectivo: el de las mujeres y cuerpos gestantes.

Lejos de mostrar una realidad, una editorial que utiliza dos casos –anónimos y, probablemente, falsos- para reflejar el deseo de ser madre a los 12 o 13 años, no significa que deba ser la norma. La norma es que puedan salir a jugar, preocuparse por el colegio o por sí misma. Y si sucede, más de lo que nos gustaría, significa que hay un derecho vulnerado a nivel sociocultural: la educación sexual.

La mujer, como sujeto de un contexto y una cultura, como cualquier otro cuerpo con capacidad de gestar, responde y es atravesada por un rol construido. No existe naturaleza cuando nuestras relaciones sociales tienden a ser artificiales –es decir, generadas- y dentro de una reproducción de valores y costumbres. Las mujeres sin salir del vientre materno está predestinadas a vestir de rosa, a mutilar su cuerpo sin poder decidir o consentir (aros en las orejas), muñecas para alimentar, set de cocina, de limpieza.

El instinto maternal significa, lisa y llanamente, el punto en el que la madre está preparada para tener a su bebé y poder responder a él o a ella. Sin embargo, lejos de ser natural, responde a las transformaciones que vive en su cuerpo, a los días o semanas posteriores a parir. Tal vez años o, para varias, nunca. Hay quienes no gozan la maternidad, ni se siente realizadas. Hay quienes, simplemente, no pueden ni sienten “lo que hay que sentir por un hijo”. Y no por ello está mal, simplemente es una realidad que puede atravesar a muchas.

Por ello, ninguna niña está preparada ni psicológica, ni físicamente para ser madre. Una niña madre, es una niña abusada. Una niña abusada, es una niña torturada y obligada a parir. Su cuerpo se convierte en un envase. Una niña maternando es una forzada por su familia, por su violador, por un Estado que la desprotege y no le da las herramientas para cambiar esa realidad que la revictimiza.

Los pañuelos verdes se agitan porque obligar a parir es una tortura. No hay niñas madrazas, hay niñas sometidas. No hay madres, hay niñas en soledad. Hay niñas en situación de vulnerabilidad y de desprecio. La crueldad de obligar a parir no salva vidas, las degrada.
Las niñas a jugar. Los violadores a juzgar.
El Numeral grita: NIÑAS, NO MADRES.

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