“Los jóvenes no son victimarios sino victimas”

Conversamos con Pablo Ferreyra, militante político contra la violencia institucional, sobre el intento del Gobierno de instalar nuevamente el debate sobre la baja de la punibilidad, las próximas elecciones y su vínculo con Avellaneda.

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Avellaneda: Mariano, el barrio y sus raíces

Yo fui legislador de la Ciudad de Buenos Aires y no me siento porteño. Entonces, me ha pasado que el ser de Avellaneda me da una sensibilidad con otras cosas. Me gusta la Ciudad de Buenos Aires pero creo que podría ser mejor.

Ir a Avellaneda me produce mucha alegría porque siempre está mejor y eso me produce entusiasmo. Es una ciudad muy pegadita a Capital Federal pero no es, y vos te cruzas acá, podés estar acá y sentirte parte pero siempre vas a ser de Avellaneda porque hay algo más popular en vos, alguna sensibilidad más aguda, y sobretodo porque siempre vas a ser del conurbano. 

La ciudad (Avellaneda) tiene mucho potencial, yo dejé de vivir para la época de Laborde como intendente y, a partir de Ferraresi, pegó un salto más fuerte en cuanto a lo que es pensar la ciudad con mayor inclusión de los barrios. Hoy las villas tienen casas urbanizadas, acceso a cloacas, agua potable y eso cambió mucho.

Sus esquinas dicen muchas cosas y es un lugar con mucha significación política. En ese sentido, creo que la historia de Mariano se puede marcar más. A veces tenemos que salir de la lógica que nos propone la política de pensar a una persona limitándonos a su recorrido ideológico y poner en valor, no tanto su vida, sino las cuestiones que llevaron a Mariano a estar ese día en las vías. Poner en el tapete su militancia, y no tanto de donde venía. Ese trabajo hay que seguir haciéndolo, creo que Mariano tiene que estar más presente, eso es parte de lo que uno puede hacer y es cagándose en los prejuicios de los demás porque hay que pensar a Mariano como un militante político sin importar si existe una tendencia política determinada. Yo tengo dos hijos y me gusta mostrarles la calle, ver algún mural, me gustaría que haya más. 

Fotografía: Santiago Giovannini

Punibilidad ¿sí o no a la baja?

La discusión siempre surge en períodos electorales. El proyecto viola todas las convenciones internacionales, que en general dice 18 años, y surge en una coyuntura de demagogia punitiva antes de un proceso electoral como este. Se había querido presentar en 2017 pero en general no avanza porque es un proyecto que está ligado a esa demagogia que tienen los políticos de creer que pueden dar una solución a algo de esta manera pero está muy alejado de una planificación real sobre seguridad. 

Los delitos cometidos por menores son insignificantes. En los informes que hizo el Consejo de la Magistratura se ve que primero hay una baja del delito y segundo que los menores son una porción insignificante. Entonces está muy ligado a eso, el gran avance sería sacarlo de la órbita política y de la agenda mediática, que siempre demoniza a la juventud. La juventud siempre fue, frente a los sectores medios, un problema. En la época de la dictadura pasó con “la subversión” y ahora la peligrosidad son los pibes de los barrios en marginalidad, la peligrosidad son los pibes en la noctunidad y las drogas. Todo es una demonización de la juventud.

¿Desde la Asociación Contra la Violencia Institucional como lo trabajan?

Fuimos consultados varias veces y opinamos que si el proyecto se discute en la reforma del régimen penal, vamos a participar para exponer estas cosas pero tengo serias dudas de que avance. Hay varias cuestiones de la reforma del código penal que nos interesan, uno es este tema y el tema de la ley de drogas porque hay un elemento que engloba todo es que es la violencia institucional ejercida, muchas veces, hacia los jóvenes. Las fuerzas de seguridad actúan para generar estadísticas y esos son los debates que nos interesan. 

A su vez, el gobierno tiene un carácter alarmista y con políticas de seguridad muy demagógicas con el objetivo de infundir el temor. Tienen un fin ideológico en función de generar mayor sometimiento y por eso podría llegar a avanzar un proyecto así, pero para tener una discusión seria sobre el tema, debería hacerse en otro año, en otro momento, con otros actores y con otras personas. Lo que está en peligro acá es la integridad física y mental de la juventud, ese es el problema.

Fotografía: Santiago Giovannini

¿Es una respuesta a una mirada de cierto sector de la sociedad?

Es un chivo expiatorio para la aplicación de políticas de seguridad más duras. Tenemos una sociedad que siempre reclama algo frente a los jóvenes porque siempre son el problema, porque creen que están ligados a cuestiones “marginales”. Estos debates siempre nos cruzaron, todo el tiempo. Los jóvenes no son victimarios sino victimas. Entonces el tema es discutir como ayudar a la juventud pero no son un factor de peligro, al contrario. 

¿Y sobre el uso de las pistolas Taser?

Eso es complicado, son letales. En muchos países son señalados como herramientas de tortura o utilizados sobre personas detenidas. Hay legitimación hacia Patricia Bullrich, y una legitimación hacia sus políticas, que todavía están en el terreno de lo simbólico, y es una frontera que el gobierno busca vulnerar todo el tiempo. Es decir, que nosotros estemos discutiendo el uso de pistolas Taser o el uso de armas de fuego es porque ellos buscan correr la frontera y naturalizar, romper con el paradigma que había hasta ahora.

El Ministerio de Seguridad fomenta una discusión sobre el sentido común. Bullrich legitimó el accionar de Chocobar, después dijo que estaba a favor de la portación de armas de fuego en civiles, ahora las Taser como un elemento de disuasión. Esas son todas cuestiones son planteadas desde la modernidad o la seguridad.

El signo ideológico de este gobierno y la idea es generar mayores niveles de temor en la sociedad civil y menores niveles de reclamo, tiene un sentido. Entonces, a eso hay que contraponerle la idea de mayores libertades: la discusión sobre la legalidad de las drogas, mayores derechos LGTB o la legalidad del aborto. A través de eso se puede genera más oxigenación, debatir un poco más cuestiones individuales que generen una ruptura del discurso represivo, porque estamos ante un gobierno que tiene la característica de crear miedo y temor para que perdamos la movilidad que tenemos, perdamos el nivel de derechos adquiridos, para que no podamos reclamar. 

Aborto Legal: Lucha feminista y debate en el Congreso

A uno le genera esperanza los niveles que se consiguieron, como se avanzó como sociedad, como avanzó el movimiento feminista, como se conquistó la calle, como el movimiento de mujeres se mostró y mostró que no está dispuesto a negociar nada. 

Entonces eso es todo aprendizaje pero las instituciones no estuvieron a la altura, el reducto del Congreso, sobretodo la Cámara de Senadores. No hay ley sin el movimiento de la sociedad pero hay poder muy arraigados, que representan provincias, poderes concretos y soy medio escéptico de que eso cambie rápidamente, pienso que va a cambiar pero no tan rápido porque son impermeables al calor de la calle, a lo que pasa afuera. Creo que hay que trabajar más en eso y ojalá se meta en la campaña electoral el tema del aborto y que los candidatos tengan que decir públicamente su posición frente a eso, y hay que empezar a cuestionar eso. 

Lo que viene: 2019

Yo creo que Macri puede ganar, es desalentador pero puede ganar, que lo de Bolsonaro y Venezuela lo favorece también, pero hay algo histórico en los argentinos que es un odio visceral al ascenso de los sectores sociales más golpeados, sino no se explica como todavía tiene chances de ganar, aunque falta mucho y pueden pasar muchas cosas. A su vez, los medios ayudan a sostener la idea de “Macri presidente” junto al FMI y la estrategia en cuanto al consenso que genera con otros países para repudiar a Venezuela. Todo eso sigue haciendo que sea un candidato fuerte.

Estoy a favor de la unidad. El problema que veo es que, mientras nosotros nos acercamos a conformar un frente opositor más heterogéneo y con claridad en los roles, Macri sigue siendo una alternativa y el candidato de los sectores de poder. Por otro lado, Cristina está jugando inteligentemente a conducir el espacio, y cuánto ella intervenga o no va a permitir que otras fuerzas políticas se acerquen, dependiendo de lo que decida hacer, va a estar varios años en el Senado pero después si Cristina tiene que ser presidenta o no, prefiero que lo decida ella, pero si no lo fuera ya es la líder opositora por excelencia.

 

 

 

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