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Chernobyl: el detrás de lo que vemos

A dos meses del estreno de “Chernobyl” y habiendo pasado ya un tiempo del furor que generó esta serie, les compartimos algunas reflexiones acerca de lo que nos dejó.

Para comenzar, la intención no es hacer un spoiler de la historia, lo que tampoco podríamos hacer porque es de público conocimiento lo que sucedió. Quisiera poder poner luz sobre algunas cuestiones que, normalmente, al mirar una serie -sobre todo las históricas- no vemos. En este sentido, como menciono al comienzo, quiero reflexionar acerca de qué nos deja como debate, no en el plano de lo ambiental, sino sobre lo que «conozco» que son los «mensajes» que las producciones audiovisuales indefectiblemente dejan sobre los pueblos y sus sociedades.

La serie en cuestión la produjo HBO y puso en boca de todos y todas el desastre nuclear sucedido en Ucrania, cuando el reactor 4 de la planta nuclear «Vladímir Ilich Lenin» mejor conocida como «Chernobyl», explotó un 26 de abril de 1986. Respecto del guión, de la fotografía y de las actuaciones nada puede decirse. Los escenarios están muy bien recreados y con cada actuación uno verdaderamente puede sentir la tensión constante de cada momento que tuvieron que pasar todos aquellos que intervinieron para mitigar la tragedia. No caben dudas que lo más destacable que puede decirse sobre los personajes es el parecido que tienen con los protagonistas reales y las excelentes caracterizaciones que se hicieron de los mismos.

Ahora bien, muchos podríamos coincidir que, de alguna manera, ésta tragedia es consecuencia de la burocratización del Estado Soviético y que fue una de las tantas razones que llevó a su posterior caída. Pero sobre historia no quiero hablarles. Mientras veía la serie no paraba de pensar que la misma había sido hecha en el Reino Unido, por actores ingleses, que hablan en inglés por supuesto. Es decir que era parte de la historia del pueblo ruso o más bien, hoy en día, ucraniano que estaba siendo contado por otro país.

Y ustedes se preguntarán ¿cuál es el problema? Y la verdad que un problema grave no es, pero si es problematizable que las historias de los pueblos sean siempre contadas por sus vencedores. Es cuestionable al menos que nos preguntemos qué tan objetiva puede ser la serie cuando no son sus propios protagonistas quienes lo están haciendo.

Hay un filosofo al que recomiendo, que se llama George Didi-Huberman el cual me ayuda mucho para pensar estas cuestiones y problematizarlas, para simplemente reflexionar (como si eso fuera poco hoy en día) y pensar sobre lo que veo y no quedarme con la historia que me “venden”. Él denomina dos procesos a través del cual los pueblos están expuestos a desaparecer. Uno es la sobreexposición que es la espectacularización de los pueblos, la reducción de estos al cliché y al estereotipo; Didi-Huberman diría que demasiada luz ciega. En cambio, la subexposición es la censura, la privación de ver aquello que podría estar aconteciendo y no se cuenta. 

Los pueblos, a lo largo de la historia de la humanidad, han ido encontrando diferentes maneras de contar sus historias, de verse y de reflejarse. Cuando las historias solo son contadas por los vencedores es un problema para los pueblos, porque entonces sus historias no son contadas en su totalidad. La voz de los vencidos no está expresada y creo que es aquí donde, yendo al caso en cuestión, “Chernobyl” debe ser “tomada con pinzas”. Hay una espectacularización y una reducción al cliché, al estereotipo, a mi modo de ver, de la Rusia soviética de la cual hay que tener cuidado. Nos deja ese mensaje de que todo lo que hacían “lo ataban con alambre”. Dejar entrever sutilmente que todo lo soviético era malo, precario o defectuoso es peligroso, porque se está reduciendo simplemente a eso al pueblo ruso, o ucraniano, en este caso puntual.

También es cierto que sobre esta historia no se dijo nada por muchos años y esta fue una manera de visibilizar lo acontecido en aquel entonces. Pero lo cierto es que hay que tener cuidado con los mensajes, hay que ser responsables con lo que contamos. Podemos estar de acuerdo o no ideológicamente, pero quienes decidimos contar historias a través del cine, la televisión o cualquier otra plataforma, debemos ser conscientes que nuestras producciones, nuestro arte, puede llegar a millones. Debemos ser precavidos/as a la hora de hablar sobre otros pueblos. Es imposible ser objetivos, pero sí creo que los/as comunicadores/as tenemos la obligación con nuestros pueblos y con el resto de los pueblos, de comenzar a reflexionar sobre lo que vemos y producimos.

La serie llegó, los medios de comunicación instalaron nuevamente la tragedia sucedida hace 33 años y ahora que terminó dejó, voluntaria o involuntariamente, una imagen espectacularizada de lo que sucedió aquellos días de 1986. Puede ser cierta o no, pero sí es importante que tengamos en cuenta que es solo una parte de esa realidad. Que hay otra seguramente, ni mejor ni peor, pero que existe otra versión de los hechos y es necesario contarla. Como pasa con “Chernobyl”, pasa todos los días con muchas historias que vemos o nos muestran a diario. Si no tenemos otra versión con la cual contrastar lo que vemos es importante que comencemos a reflexionar y no tomemos como una verdad absoluta todo lo que se nos cuenta.

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