Es Tuyo, del Barrio, de Todes

Parte II | El aborto en primera persona

Abortamos solas, acompañadas. Abortan mujeres de clase media, pobres y ricas. Abortamos en condiciones dignas, indignas y clandestinas. El Numeral comparte testimonios de personas que abortaron y quieren contarlo.

Todos los testimonios son reales, vividos en carne propia, pero no todos los nombres son reales. Para cuidar a quienes accedieron a contar su historia y para darles el lugar a compartir eso que vivieron y guardaron por mucho tiempo en sus entrañas, decidimos resguardar su identidad.

Compartimos la segunda parte.

Testimonio 7: Nunca se volvió a hablar

Yo aborté hace casi 20 años, cuando estaba en 5to año. Mi novio era drogadicto y cuando le conté me dijo que era una asesina y que seguro ni era de él. Su familia no me acompañó en absolutamente nada, y mi papá y mamá pagaron un aborto en una clínica privada. Tuvimos que hacer todo a escondidas, en la clínica no te podías quedar así que me acuerdo de salir todavía anestesiada y sin entender mucho. Yo la verdad tuve suerte. Mi papá y mamá me apoyaron y pudieron pagarlo. En mi casa, hasta el día de hoy, nunca se volvió a hablar del tema.


Testimonio 8: Con Misoprostol y acompañada

Desde el primer momento que vi el evatest tomé la decisión. Le pregunté a mi novio y me apoyó al 100% . Fui a la salita del barrio a hablar con la ginecóloga que me dio el Misoprostol y me dijo cómo tomarlo. Tuve que hacerlo 3 veces porque no me funcionó y me derivaron a hacerme una AMEU (aspiración) en la Maternidad. Siempre me atendieron de 20, nunca me juzgaron, todo lo contrario. Es mas jodido después, no a todo el mundo le pega igual.

Cuando llegué a la maternidad estaba de 3 meses y cometí el error de ver las ecografías y maquinarme aún más. Sabía que yo no lo quería, pero es horrible sentir esa presión de «estás haciendo algo incorrecto». Nunca me salió quererlo, nunca lo pensé dos veces, nada.

Sentí tristeza y culpa por haberme olvidado alguna pastilla, por no haber podido sacarlo desde la primera toma. Era una montaña rusa además, porque en cada toma de Misoprostol me retorcía de dolor y expulsaba algo. Me sentí aliviada y feliz, y cuando iba a la ecografía estaba todo ‘normal’.

No sé cómo pueden afrontarlo las que lo pasan solas.

A mi las pastillas me las dio la misma ginecóloga y fue todo gratis. Pero, por ejemplo, el primer ginecólogo al que fui (por la obra social) ni bien entré me felicitó y me dio 5 órdenes para controles, ácido fólico y bla. Yo creo que ese médico después de la ley no va a tomarse el tiempo de preguntarte (mínimamente) cual es tu decisión. La ley va a ayudar a que la información de las clínicas publicas y privadas donde lo practican sea accesible a todos. También es cierto que la falta de información es lo que hace que también caigan en abortos negligentes. No solo de las pobres, de todas.

Me han contado de una piba de por acá que fue, compro el Misoprostol y se escabió. El pibe nació igual, pero también podría haberse muerto.

Estuve hablando con la ginecóloga en todo el proceso de Misoprostol, controlando la fiebre, las perdidas. Así tiene que ser. Sin embargo, al no saber que hay equipos médicos que te apoyan, sacas información de cualquier lado y podes hacer cualquier cosa.


Testimonio 9: Como se puede, con la que se tiene

El aborto me lo hice en 2009, a los 21. Quedé embarazada de mi primer novio, hacía casi dos años que estábamos juntos y había sido también la persona con la que tuve sexo por primera vez. Era una relación muy enfermiza, él era (o es) una persona que ejercía mucha violencia psicológica sobre mí.

Quedé embarazada y no sabía qué hacer. No sabía si quería continuar con el embarazo o no. Tampoco lo pude pensar mucho… Él me había dicho que si lo tenía, se mataba. Mis viejxs me apoyaban para lo que decidiera.

Fueron días tremendos. No sabía casi nada del tema. Tenía una amiga que había abortado hacía un año atrás, completamente sola, con pastillas. Sabía que se las había recomendado una amiga de ella, que estuvo dos días encerrada en la casa con mucha hemorragia, asustada y sola. En realidad, en la clandestinidad todas estamos asustadas y solas, pero ella no tuvo ni quien le acaricie la cabeza.

Terminé decidiendo no continuar con el embarazo. Leía en internet lo que podía, pero todo era tan confuso, nada era seguro, no había información ordenada, segura, nada. No tenía un mango, mis viejos tampoco contaban con esa guita. Él había dicho que pagaba todo. Que quería que vayamos a un lugar «medianamente seguro». Y ahí aparecen los «un amigo me dijo que allá hacen», «la amiga de, se lo hizo ahí» y nadie se la quiere jugar dándote lugares, ni teléfonos.

Fui a un lugar por una conocida, un consultorio de un homeópata en pleno centro. Había una habitación que oficiaba de consultorio como una mini sala, hiper blanca, con una camilla y aparatos.

Después de la primer visita, me mandó a que me haga un análisis de sangre. Volvimos con fecha para la intervención. Recuerdo que la noche anterior, dejé escrito en mi computadora una carta de despedida.

El método que usó fue el de aspiración. Me acompañó mi mamá y el que entonces era mi novio. Ellxs quedaron en la salita de espera. Entré a la habitación de mañana, sé que perdí mucha sangre. Estaba por muchos momentos despierta, pero muy boleada… no recuerdo (o no sé si me dijeron) qué me habían puesto. Al médico que me lo hizo, lo asistía la que era su secretaria, que creo era enfermera. Una señora grande, muy dulce…. Recuerdo que fue muy cariñosa conmigo.

Salí ya a la tardecita, todavía un poco boleada, nos subimos a un taxi y volví a casa. Me recuperé bastante rápido de la intervención, sin complicación aparente. Volví a un control a las semanas, me hizo tacto y todavía tenía el feto. Él había dicho que había sido complicado el procedimiento, por este problema que perdí mucha sangre, pero que seguramente habían sido dos y que había aspirado a uno. Yo qué sé, vaya uno a saber bien qué pasó.

Me puso una pastilla en la vagina y me mandó a casa. Me dijo que iba a tener dolores, hemorragia y que iba a tener contracciones cuando esté cerca de expulsarlo. Así fue, ese día a la noche, si mal no recuerdo, cuando me levanté de la cama para ir a hacer pis, lo expulsé en el inodoro. Me mandó antibióticos y a los días ya me había recuperado físicamente.

Una en ese momento está tan sola, tan en clandestinidad, con tanto miedo que es necesario tener una estructura estatal que sirva de red. Nos pasan mil cosas por el cuerpo, por la cabeza, como para encima tener que estar pasándote un número de teléfono (sé que en cierta forma fui una privilegiada, por tener quién se haga cargo de lo económico) como si fuera más ilegal que la cocaína. Si se enteran, no solo cargás con esa «vergüenza» ante la sociedad por ser abortera sino que, estás cometiendo un delito penado por ley.

¿Sabés lo que pensaba en ese momento? Cómo iba a hacer mi vieja si yo me moría en la total oscuridad de lo clandestino, cómo sacarían mi cuerpo, cómo lo justificarían.  Pensaba en mi vieja, en mi viejo, que si se mandaban un moco conmigo, a quién iban a poder reclamarle, o mejor dicho, que nada iban a poder hacer, más que comerse en silencio ese dolor y esa culpa. Si hay algo que funciona de mil maravillas en todo esto es eso. La culpa, ese pequeño chip con el que venimos seteados.

No podría cuantificar lo necesaria que es en ese momento la información, la contención y gente idónea en la cual confiar. No puede ser que tengamos que elegir entre seguir un embarazo no deseado por miedo a morir o estar dispuestas a morir solas en secreto, escondidas de las sociedad. El Estado debe visibilizar y acompañar.


Testimonio 10: Rápido y doloroso

Fue el año pasado, tenía 26 años y recién llevaba 2 meses saliendo con mi pareja actual. El método anticonceptivo falló y me embaracé. Desde que me enteré sabía que no quería tenerlo y mi pareja siempre me apoyó y respeto. Me fui a hacer una ecografía (estaba de 6 semanas) y ese mismo día llamé a las Socorristas. Sabían de mi embarazo mi novio, mi mamá y mi mejor amiga que ya había pasado por dos abortos, todos me acompañaron.

Sabia hace mucho de las Socorristas y a los 3 días tuve una reunión con ellas. Lo que más me impactó fue el relatos de las que estaban en la reunión, las cosas previas que hicieron para abortar (perejil, inyección de un gel por la vagina, pastillas mal administradas).

A la semana ya estaba abortando con Misoprostol, acompañada de mi novio, con mi mamá y mi amiga al teléfono. Fue rápido, pero muy doloroso. Nunca me voy a a olvidar del pánico que tenía de que las cosas salgan mal y tenga que ir a un hospital, morirme o terminar presa.


Testimonio 11: La maternidad será deseada o no será

Me entere de mi embarazo en semana Santa, tenía 17 años. Pude contar con un familiar que era personal de salud. Cada 12hs me inyectó hormonas por 1 semana, sin resultados. Conseguimos Misoprostol, me lo puse sola, otra vez sin resultados y llegando a las 7 semanas.

La desesperación era palpable, conseguimos una ginecóloga que le cobro al adulto que me acompañaba, partió la pastilla con los dientes y me la coloco en el cervix con una pinza. Me fui a casa donde vivía sola con mi padre. Fue una noche de dolor. Al otro día no entré a la escuela, fui a un control y me hice una eco, «acá no hay nada, solo restos». Recuerdo que tenía una remera negra al lado de la cama para levantarme sin manchar el piso por la intensidad del sangrado. Los coágulos eran enormes.

A los pocos días me dieron unas pastillas para ayudar. Me dijeron que si en 2 días no paraba el sangrado, iba a legrado quirúrgico. Desaparecí 6 día porque ¿Cómo me iba a internar siendo menor? Después de 11 días y 10 paquetes de toallitas volví al control, ecografía normal. La médica que me atendió me dijo que si volvía a tener sexo este mes iba a quedar embarazada y sola, ella no me iba ayudar.

Nunca más la vi, ni recibí educación sexual o métodos anticonceptivos, ese año terminé el secundario. El hombre que me dejó embarazada me juró que tenia estudios de esterilidad, estaba rehabilitándose de las drogas. No tenia trabajo, ni casa propia. Lloraba ante la decisión y quería que se lo entregue para que él lo crie, no accedí a gestar.

BONUS TRACK: mientras yo me practicaba el aborto, me fue infiel y me contagió una ETS ya que yo no podía tener sexo. Después de 10 años sigue sin trabajo estable. Yo, por mi parte, recibí el abrazo de mis amigas y me enteré que no era la única que había pasado por esta situación. Acompañé a varias durante mis estudios y hoy cuento con la matricula para ayudar y acompañar. La maternidad será deseada o no será.


Testimonio 12: Morir de gangrena en 1953

Mi bisabuela era madre de 11 hijxs. El marido era un alcohólico y un golpeador. Cuando quedó embarazada del hijx número 12, decidió abortar. Se murió por gangrena pocos días después de Eva Perón, en 1953.

Mi abuela tenía 18 años. Ella años después, no quería tener más hijxs y decidió abortar. Pidió que le hicieran el aborto «sin anestesia» porque tenía miedo de morirse también. Sobrevivió, pero por supuesto que vivió una tortura.

 

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