Es Tuyo, del Barrio, de Todes

A 16 años de la tragedia de Cromañón

Se cumple un nuevo aniversario de la tragedia que dejó un saldo de 194 muertos y 1.500 heridos. El dolor de lo evitable, el rock como bandera y un sinfín de irregularidades nos recuerdan aquella noche dolorosa.

La tragedia de Cromañón dejó a la intemperie la corrupción que existía en la Ciudad de Buenos Aires con las habilitaciones a locales, no sólo boliches o discotecas. En una actitud poco previsora, Aníbal Ibarra había comenzado a gobernar hacía un poco más de un año y había echado a 300 inspectores que podían realizar clausuras y los había reemplazado por un número diez veces menor.

Si bien el ex jefe de gobierno puede culpar a los dueños del lugar y a la seguridad de la banda por no revisar bien al público, no existen dudas que la mayor falla fue en su gestión. Si nos ponemos a hacer futurología, Aníbal Ibarra es la muestra perfecta que, cuando la política y la gestión fallan, la anti política gobierna las pantallas y las urnas.

Luego de Cromañón, Mauricio Macri se subió sobre el dolor de las familias que habían perdido a sus hijos, hermanos, sobrinos para postularse y ganar así la Jefatura de la Ciudad de Buenos Aires. La anti política genera monstruos.

El 30 de diciembre de 2004

Aquel día la historia cambió para siempre. Marcó un precedente sobre irregularidades política, desinversión y corrupción. Esa noche que debía ser de fiesta y alegría, terminó con 194 jóvenes muertos y 1.500 heridos producto del incendio que se desarrollo en Cromañón.

Callejeros era una banda en auge. Sus recitales eran una fiesta absoluta, que tenía un ida y vuelta con el público. El pogo, la música y la pirotecnia eran bandera. En ese entonces la consciencia en los espacios cerrados era otra y la irresponsabilidad del público iba de la mano del desconocimiento.

A la par del auge de Callejeros, la figura de Omar Chabán también era reconocida en el ambiente como promotor del rock desde la década del 80. No había razones para creer que algo podría salir mal. La experiencia lo demostraba. Sin embargo, las cosas no sucedieron como se hubiera esperado.

El show comenzó y duró apenas unos minutos. Inmediatamente una bengala prendió fuego la media sombra en el techo. El fuego inmediatamente quemó paneles de espuma de poliuretano. La combustión no tardó en liberar monóxido de carbono mezclado con otros gases tóxicos.

El resultado dejó víctimas fatales y una herida que no cierra y no va a cerrar.  De la enorme alegría a la tristeza. El 2004 fue un año que marcó el antes y el después de la música, pero también de la propia consciencia sobre los espacios cerrados, la pirotecnia y los manejos virulentos de la política.

Cromañón nos pasó a todos y todas. Fue fortuito y podría haber pasado en cualquier otro boliche de la Ciudad de Buenos Aires. Para aquellos y aquellas que éramos asiduos espectadores y seguidores de bandas del rock nacional fue un golpe muy duro, un cachetazo. Muchos y muchas perdimos algún conocido o amigo o amiga en aquella tragedia.

Por la memoria de todos los pibes y todas las pibas que ya no están va nuestro recuerdo.

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