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Vaca Muerta: ¿la clave para la transición energética?

En unas semanas comenzará a funcionar el gasoducto Néstor Kirchner y muchos ven allí el puntapié para modificar la matriz energética del país.

El año 2015 fue un momento bisagra para el planeta. En la Convención de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, el llamado Acuerdo de París, 194 países y la Unión Europea decidieron comenzar a actuar para frenar el calentamiento global.

El compromiso fue intentar limitar el aumento de la temperatura del planeta, tratando de recuperar los niveles preindustriales. Para conseguir esta meta se debería frenar lo máximo posible las emisiones de gases de efecto invernadero, responsables principales del calentamiento. 

Y en la búsqueda de esa baja de emisiones nació un concepto hoy muy popular: la transición energética. La solución para mejorar el planeta debería venir de energías renovables o al menos de aquellas que tengan poco impacto para el planeta. Y es ahí donde comienza a entrar Vaca Muerta en el radar. 

El caso argentino

Lo primero para destacar es que el país pensó una política pública para el problema. En 2019 se aprobó una ley que creó el Plan Nacional de Adaptación y Mitigación al Cambio Climático (PNACC).

Dentro del Ministerio de Ambiente se encuentra la Secretaría de Cambio Climático, que lleva adelante el PNACC. Allí se advierte que “la República Argentina reconoce el consenso entre la comunidad científica internacional en torno a la idea de que la interferencia humana sobre el sistema climático genera impactos ya observables y riesgos futuros para los sistemas humanos y naturales”.

El Parque Eólico Manantiales Behr está ubicado en Chubut y lo opera YPF.

Pero, ¿Cuáles son las medidas para poder contrarrestar los efectos en el planeta? Una de ellas es el compromiso para que en 2030 no puedan excederse las 349 megatoneladas de emisión de MtCO2e (dióxido de carbono equivalente), un número incluso por debajo del Acuerdo de París. Y la meta máxima es alcanzar la neutralidad de carbono en 2050, es decir, que las emisiones no afecten al planeta de ninguna forma para ese año. 

Otro de los puntos es llegar a tener un 20% de fuentes renovables en el sistema interconectado nacional para 2030. Allí entran en juego la energía solar y la eólica, pero también la hidroeléctrica y los biocombustibles. 

Sin embargo, en el último tiempo hubo otra energía que miran con buenos ojos desde el Gobierno argentino: el gas, un combustible no renovable que a pesar de eso tendría muchas menos emisiones de gases de efecto invernadero. Y del que Argentina tiene grandes reservas, como en el caso de Vaca Muerta.

La esperanza patagónica

El 20 de junio será el día más esperado por el Gobierno nacional. En esa fecha se hará la inauguración del gasoducto Néstor Kirchner, que unirá Vaca Muerta con la provincia de Buenos Aires, en la localidad de Salliqueló. Con esta obra de 573 kms. de extensión se espera poder abastecer al resto del país del gas necesario para este invierno. 

Una de las metas con este proyecto es lograr el autoabastecimiento para el país e incluso empezar a exportar a otros países. De hecho en las últimas horas el presidente Alberto Fernández y su par de Brasil, Lula Da Silva, confirmaron que se financiará un segundo tramo para poder llevar el gas hasta el país vecino.

En su primera etapa, el gasoducto llevará el gas desde Neuquén hasta Buenos Aires.

Pero no sólo se espera una independencia energética a través de Vaca Muerta. También se cree que ese gas será parte fundamental para la transición que se busca en el PNACC. Es que desde el Gobierno ven a esa energía como la esperanza para bajar las emisiones de gases de efecto invernadero

Según Cecilia Nicolini, secretaria de Cambio Climático de la Nación, el país tiene una restricción de divisas para desarrollar las energías eólicas y solares. Por esa razón hay que “fortalecer nuestra capacidad nacional” para luego llegar a transformar la matriz energética. De acuerdo a las estimaciones, se podrán ahorrar más de US$ 4.200 millones al año.

El gas como alternativa

Hace unas semanas se llevó adelante en Santa Cruz el Segundo Foro de Transición Energética Sostenible. Allí, la secretaria de Energía Flavia Royón remarcó que se va a seguir «apostando a los hidrocarburos, porque a la transición energética hay que financiarla«. También destacó que “el rol del gas es fundamental ya que genera muchas menos emisiones que el carbón y los combustibles líquidos”. 

En ese mismo foro estuvo presente Federico Bernal, subsecretario de Hidrocarburos de la Nación. En su ponencia, destacó que la Argentina, por sus reservas de gas y de petróleo, “está llamada a cumplir un rol fundamental”. ¿Y cómo lo haría? “Aportando nuestro gas natural y gasificando la transición energética en la Argentina, en la región y el mundo”

Vaca Muerta es hoy una fuente de recursos para Argentina.

En el PNACC se destaca que el cambio de matriz deberá llegar a través del desarrollo de sus cuencas hidrocarburíferas, tanto las que están en territorio continental como las ubicadas en plataformas offshore

“La Argentina buscará transformarse en un proveedor de gas natural a escala regional y global, colaborando con la viabilidad de las transiciones energéticas de otros países”, se destaca. 

Una solución limitada

Desde la ONU advierten sobre el tema, apuntando que esa energía puede ser una alternativa, siempre que sea regulada por los Estados. Mark Radka, Jefe de la Subdivisión de Energía y Clima del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), señaló que “es un combustible más limpio ya que produce menos contaminantes en el aire en comparación con la combustión de carbón o petróleo”.

También destacó que “produce menos dióxido de carbono por unidad de energía, aproximadamente la mitad en comparación con la mejor tecnología del carbón”, destacando que según estos criterios, “el gas natural es mejor desde una perspectiva climática”. 

El venteo de gas genera emisiones que también son contaminantes.

Sin embargo, se ha demostrado que en la producción de esa energía también se emite metano, un potente gas de efecto invernadero. Para Radka, “las emisiones de metano de las operaciones de petróleo y gas son mucho más elevadas de lo que se estimaba” y confirmó que “cualquier fuga o emisión de metano deslegitima toda idea de que el gas natural sea un mejor combustible fósil”. 

Para el funcionario de la ONU, “siempre y cuando las emisiones de metano asociadas al gas natural estén bien gestionadas no resulta ser tan problemático en términos de calentamiento global como lo son el carbón y el petróleo”. En el caso argentino, las regulaciones estatales serán la clave para conseguir esa transición y alcanzar los objetivos fijados para incidir en el ambiente.

 

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