De candidaturas y misoginias

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En América Latina, históricamente, las mujeres hemos sido marginadas de la ciudadanía política. La sanción de la ley de sufragio femenino, nos dio la posibilidad de participar en las elecciones tanto para elegir como para ser elegidas. Igualmente, el acceso a cargos representativos no estuvo garantizado y fueron muy pocas las mujeres representantes. Fue recién a partir de los años noventa, donde se modificó el porcentaje de representación y participación de las mujeres en la vida política con la implementación del cupo femenino en las listas electorales. De esta manera, Argentina se convirtió en el primer país latinoamericano en implementar un plan de cuotas para garantizar la participación de las mujeres en el Congreso.

A partir de allí nuevos liderazgos femeninos fueron construyéndose en las organizaciones sociales y políticas y con la llegada de Cristina Fernández de Kirchner a la presidencia de la Nación en el año 2007, la participación de las mujeres en la política y en los cargos fue en aumento. Según un informe de CIPPEC, en la última gestión de CFK, un 22% de los cargos de conducción política fueron ocupados por mujeres, observándose una gran disminución a partir de la presidencia de Mauricio Macri.
Es de público conocimiento las luchas y reivindicaciones que venimos llevando en el último tiempo las mujeres, luchando contra una cultura patriarcal que junto con la política neoliberal, establecen un sistema de relaciones sexo-políticas, instaurado por los varones, quienes como grupo social y en forma individual o colectiva oprimen a las mujeres, también en forma individual o colectiva, mediante el uso de la violencia.
Es por lo mencionado, que llaman la atención las palabras de Antonio Caló, dirigente de la UOM, al referirse, el lunes 17 de abril, a la interna del PJ: “Mientras el candidato sea peronista, está bien. Lo que sí, voy a votar a un peronista, pero a un hombre, no a una mujer”; en referencia a una posible candidatura de Cristina Fernández de Kirchner.
No sólo es repudiable su discurso misógino, por el desprecio que demuestra frente al liderazgo femenino en la política. Discurso que se ve reproducidos por diferentes periodistas en medios masivos de comunicación y que se repite en diferentes discursos de funcionarios del actual gobierno de Cambiemos. Sino que resulta extrañamente contradictorio a nivel político e histórico dado que fue durante el peronismo, de la mano de Eva Duarte y de Juan Domingo Perón, que las mujeres comenzábamos a ser consideradas en igualdad de condiciones con los hombres para elegir a nuestros representantes, para ejercer nuestros derechos, para militar en política.
Es por ello que reivindicamos la lucha femenina en las calles contra una sociedad patriarcal que sólo quiere vernos en nuestras casas, sin participación, sin voz y sin derechos.

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