“En Avellaneda está mi historia y buena parte de mis amores“

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Mauro Federico trabaja todas las noches en el programa Minuto Uno junto a Gustavo Sylvestre por C5N. Los estudios de la emisora están en Palermo y desde #ElNumeral entendimos que esa zona era la ideal, por un tema logístico exclusivamente, para llevar a cabo la entrevista. ¿Vamos a hablar de Avellaneda? Nos suelta Mauro por teléfono y asentimos. “Entonces nos tenemos que juntar en Avellaneda, y no en cualquier lugar. Si les parece nos juntamos en un lugar histórico”, y nos citó en la famosa cafetería Blois.

“Ahí donde vos estás sentado, en el año ´66 se produjo un hecho que dio pie a uno de los trabajos periodísticos más trascendentes de nuestra historia periodística”. Así empieza la charla Mauro Federico y las preguntas pensadas tendrán que esperar. Ahora es momento de escuchar y llevar la mente a ese momento histórico a nivel nacional que tuvo cita en el centro de nuestra ciudad. “Esto se llamaba “La Real”, era una pizzería con salón familiar. El 13 de mayo de 1966 se hacia una convención del Partido Justicialista y la CGT en el Teatro Roma. En ese entonces el PJ estaba proscripto por lo que era una reunión cuasi clandestina. En este mismo bar se juntan una serie de dirigentes sindicales que tenían que decidir si dejaban entrar a la convención a unos dirigentes de izquierda de la UOM. Luego de eso se produce un tiroteo donde es asesinado el Secretario General de la UOM de Avellaneda, Rosendo García. La derecha peronista, con la ayuda de la dictadura, de la que era socia, hace correr la versión de que los asesinos habían sido los hombres de la izquierda de la UOM que eran peronistas pero que eran de la tendencia. Rodolfo Walsh empezó a investigar el hecho escribiendo una serie de notas que dieron origen a esa obra maestra de la literatura periodística argentina que se llamó “¿Quien mató a Rosendo?”. En ese libro se describe de una manera brillante a Avellaneda”, nos cuenta Mauro Federico y el relato parece propio de un profesor de historia política.

Nació en Flores, estudió en Caballito pero más de la mitad de su vida la pasó en Avellaneda. Hoy reside en Crucecita, pero supo pasar por Lavalle y Belgrano y también vivir un tiempo en el Pasaje Pedro de Mendoza, cerca de la cancha de Racing, el club del que es hincha. La historia de Mauro Federico con Avellaneda tiene un origen paternal. Vicente Federico, su padre, fue un prestigioso médico que desarrolló su carrera profesional en la Ciudad e inculcó a Mauro el amor por esta parte del sur de Gran Buenos Aires. Un amor que lo lleva a contar la historia del libro de Walsh con una pasión que llama la atención aunque teniendo en cuenta que en tamaña pieza literaria confluyen Avellaneda y el mejor periodismo donde la sorpresa no debiera ser tal.

– ¿Tenés recuerdos de chico en Avellaneda?

Me acuerdo de mi viejo que me traía a acá a la Real (hoy Per Tutti) y pedía moscato. Yo comía pizza. Desfilaban los personajes de la Ciudad. Aparecía por ejemplo Corbatta (ídolo futbolístico de Racing) y mi papá le hacía contarme historias y anécdotas de la academia. Mi padre terminó siendo el médico que lo asistió en sus últimos días.

– Y hoy. ¿Qué representa para vos este lugar?

Avellaneda es un lugar que no solo tiene mi historia sino que también tiene buena parte de mis amores. Mi mujer, mis hijos y Racing. A mí me cuesta mucho pensar en desprenderme de acá y es por todo esto que siento tanto Avellaneda.

Mauro tiene dos hijos, Ariel de veintiún años y Emilia de cuatro (“hermosa y loca como su madre”). Son ellos los que tienen una resistencia férrea para irse de Avellaneda, tienen sus amigos, sus cosas acá y entonces el proyecto familiar de algún día alejarse de los grandes centros urbanos queda postergado.

– Se dice que Dios está en todas partes pero atiende en la Capital, ¿Cómo aplica esto en un partido como Avellaneda?

Es que es así, Avellaneda es en ese sentido una “Ciudad Dormitorio” y tiene un problema existencial desde hace por lo menos 50 años. Es una ciudad donde los avelladenenses, en su gran mayoría, trabajamos en otro lugar. Recién esto se recupera en los últimos cuatro o cinco años pero en los ochenta y los noventa fueron tremendos. Incluso antes porque Avellaneda tenía una vida comercial muy prolífica. Lo primero que comienza a matarla es la creación del nuevo puente. El centro real de Avellaneda era Pavón y Mitre. Ahí estaban los cines y teatros más importantes, los bancos y muchos de los negocios pero después con el nuevo puente Pueyrredón esa zona pierde todo interés y hoy casi que es tierra de nadie. Termina de complicar el tema el hecho de que Mitre sea de una sola mano orientada a Capital, eso devasta al comercio porque se pierde toda una mano (la occidental). Sumémosle que en los noventas Avellaneda se convierte en la capital nacional del shopping. El primero de Argentina es de acá, Shopping Sur. Luego el Grupo Elsztain crea los Altos y comienzan por el de Avellaneda. Esta combinación hace que el comercio en el centro desaparezca y se consolide esta idea de que comercialmente es muy poco lo que se puede hacer.

– ¿Ves algún lugar que empiece a revertir esta tendencia?

Ahora se armó una zonita mínima en la zona de la UNDAV que era donde funcionaba el Mercado Central, zona de bohemia particular. Hace años trascendió que Ideas del Sur se mudaría a esa zona, después se truncó y finalmente llega la universidad ahí. Pero en ese momento se armó una movida de poner boliches ahí y la presencia de la UNDAV mantuvo ese lugar desde el plano comercial. La proyección de crecimiento que tiene la universidad entiendo que va a permitir aún más ese desarrollo.

El narcotráfico en sus libros
– ¿Cómo llega un periodista avocado a la información en general a especializarse en la temática del narcotráfico?

Es básicamente por una combinación de factores. Me meto de entrada de rebote. Por mi viejo yo tocaba siempre temas de salud, hice un periódico incluso con mi papá que tocaba temas sanitarios. En el 2007 se arma Crítica y me convoca Jorge Lanata a trabajar con él. Hacía de todo pero los temas de salud siempre me tocaban a mí. En Agosto de 2008 sucede el “Triple crimen de Gral. Rodríguez”, conmoción por las muertes y la efedrina en el centro de la escena. Nadie sabía en ese entonces siquiera qué era la efedrina y le comentó a Lanata que yo conocía esa sustancia y su relación con las cocinas del narcotráfico. Enseguida me da rienda suelta para que investigue y me meto de lleno en algo que tenía muchas cosas interesantes. Siempre me gustó el policial, si está bien hecho el policial es atrapante, la técnica de investigación es fabulosa. Me entusiasmé, metíamos tapas todo el tiempo, mucho laburo.

Llegan los libros y te convertís en toda una referencia para el periodismo en este tema…

Es que cuando terminé con toda la vorágine del Triple Crimen dije: Esto es un libro. Se lo ofrezco a Sudamericana a través de un amigo pero me dicen que en ese momento no interesaba. Estalla el tema a mediados de 2009 y me llaman para hacerlo con un enfoque más amplio. Ahí empieza País Narco. En el medio tengo que afrontar una problemática de adicción en el seno de mi familia, un tema que, a pesar de los avances, aún hoy sigo peleando. Conozco un costado de este tema que yo desconocía mas allá de haber realizado muchas entrevistas y es el de la problemática del adicto. Viviéndolo en carne propia se ve distinto. Todo esto en el proceso de armado del libro. El tema de ser una referencia tiene también que ver con que somos pocos los periodistas que nos metemos de lleno en estos temas.

– Nuestra profesión requiere de un cierto grado de coraje pero cuando se habla de narcos aparece titilante la palabra MIEDO. ¿Cómo lo manejás?

Yo le tengo más miedo a la policía que a los chorros o a los narcos y es sencillamente porque la policía los protege y en esta provincia más todavía. La impunidad se garantiza por las fuerzas de seguridad. Todos conocemos los lugares donde se compra la droga y no es sólo en las villas. Y todos lo saben y no se acciona sobre estos personajes que ni siquiera son el eje del problema sino el eslabón más débil. Pero si no son capaces de ir contra ese eslabón que queda entonces para los grandes narcos que lavan cifras ingentes de dinero y cuentan con un poder enorme. No veo un compromiso cierto de combatir el narcotráfico desde el punto neurálgico de este negocio que no es otra cosa que la guita. Nadie vende droga por otra cosa que no sea ganar plata. Si hoy la droga dejase de ser rentable nadie seguiría con la droga, y en parte la rentabilidad guarda relación con los niveles de persecución e ilegalidad. Vengo estudiando desde hace diez años que la constitución esencial del negocio tiene que ver con los resortes que le han permitido garantizar la propia ilegalidad y por ende maximizar las ganancias, pero claro debes contar con la impunidad que te permita sortear la ilegalidad.

– ¿Y legalizar?

Lo que hay que hacer es CONTROLAR. El problema no es el tipo que planta una plantita, el tema es que el Estado debe tener la capacidad para evitar que ese tipo expanda su negocio y se convierta en una red de distribución de una sustancia que después se discutirá si hace bien o mal.

Caso Nisman:
No podemos dejar de preguntarle a Mauro por el tema periodístico más relevante de este 2015. ¿Cuál es el alcance que imagina a futuro para este caso?

El futuro es incierto porque lo más grave es que muchos de los actores que intervienen en esta historia no están preocupados por buscar la verdad, quizás los que lleven la causa necesiten encontrar una verdad “jurídica” que no es la verdad absoluta pero que debería ser algo muy cercano y suficiente para que la sociedad la tome en cuenta. Deberíamos poder confiar en alguien al que le conferimos el poder de determinar si un hecho es o no delictivo.

No es muy alentador el panorama…

Es que tengo la impresión de que por más que la fiscal y la jueza emitan un veredicto sobre lo que ocurrió con Nisman hay un conjunto de integrantes de esta sociedad que no van a tomar en cuenta ninguna determinación jurídica porque ya tienen construida la hipótesis de lo que ocurrió y nada que la contradiga los va a convencer de lo contrario. Y esto es muy peligroso porque hay un sector de la sociedad que piensa y expresa que al Fiscal Nisman lo mandó a matar el Gobierno, que no fue suicidio y que los asesinos están en la Casa Rosada. Tamaña aventurada y desmedida hipótesis es sostenida públicamente por un montón de personas que no tienen responsabilidad institucional y eso es peligroso pero más peligroso aún es que gente que sí tiene responsabilidad institucional y sí tiene responsabilidad en el manejo de medios importantes de comunicación lo estén insinuando permanentemente. Primero porque es un absurdo desde todo punto de vista suponer que el fiscal que 72 horas antes que había denunciado a la Presidenta por algo tan grave haya sido asesinado por alguien enviado por esa misma Presidenta. Es una historia para la revista Barcelona.

– Tuviste la oportunidad de investigar la Causa Amia mucho antes de la muerte de Nisman e incluso participaste de informes dónde lo relacionaban a Jaime Stiuso. ¿Cómo te tomó el tema?

Investigué mucho la causa Amia y la causa de encubrimiento. Eso lógicamente incluía a Stiuso. Lo investigo a Stiuso y de hecho estamos convencidos que el incidente con la camioneta de Sylvestre (el vehículo se prendió fuego poco antes de que el periodista se subiese) estuvo directamente relacionado con el informe que hicimos acerca de los vínculos de Stiuso con el encubrimiento de la causa Amia. Estaba de vacaciones cuando murió Nisman. Lo primero que pensé es que la muerte de Nisman era el colofón de un plan perfecto. La denuncia de Nisman la leí y releí y quedé convencido de su inconsistencia. No hay un sólo elemento contundente que me haga suponer que los acusados estén involucrados en una red delictiva. En todo caso la denuncia corrobora lo que ya se sabe. Decir que D´Elía tiene relación con los iraníes es algo de lo que el propio D´Elía se jacta. En el peor de los casos el memorándum es malo pero lejos está de ser un delito sumado a que ni siquiera el memorándum está vigente. Para mí no era buena idea y yo lo critiqué pero lejos estaba de ser un delito. La denuncia de Nisman hacía agua a todas luces. Tengo la impresión de que había llegado a su denuncia de la mano de su principal fuente que era Stiuso. Justamente Stiusso se dedicó a embarrar la cancha de la Amia durante de diez años. Los resultados de Nisman a cargo de la fiscalía Amia son escasísimos y lo más importante para que se mueva es paradójicamente la firma del memorándum que el fiscal no quería. En lo personal creo que no hay indicios que hagan suponer que a Nisman lo mataron.

Ser periodista en la Argentina

– ¿Cómo maneja un periodista los rótulos constantes de los que son objeto?

Estuve cuatro años como panelista en “Duro de domar” y me puteaban y felicitaban por la calle. No fui, no soy, ni seré kirchnerista pero eso no significa que yo no reconozca lo que el Kirchnerismo hizo con un montón de cosas en materia de cuestiones que yo estoy de acuerdo, sería una necedad de mi parte. Yo hago periodismo de investigación, yo opino sólo a través de lo que investigo. Si lo que yo investigo logra cambiar o corroborar la opinión de algo, bienvenido. Hoy está muy deteriorada la credibilidad que hace que un periodista pueda erigirse en líder de opinión.

– Trabajaste con Jorge Lanata mucho tiempo. ¿Cómo ves su posición en ese sentido?

Lanata es uno de los exponentes más importantes de la historia del periodismo pero algo le pasò en los últimos 4 años y para mí es que se dio cuenta que toda su construcción valía menos que la garantía de su confort y se cansó de armar y desarmar el circo. Y eligió eso, su confort. Eligió ganar un palo todos los meses y olvidarse de todos los problemas que lleva ser el responsable de todo. Eligió trabajar a sueldo de una corporación empresarial mediática que tiene sus objetivos muy claros. Y los ha tenido a lo largo de sesenta años. Con Lanata trabajamos e investigamos Papel Prensa mucho antes que el Gobierno tocara el tema. ¿Quién cambió de lugar? ¿Quién hoy enarbola las banderas de la libertad de expresión desde un lugar en donde se las ha cercenado desde hace años, echando gente que pensaba distinto e impidiendo que los trabajadores se puedan organizar sindicalmente?

“El periodismo puede haberse muerto pero los que no nos morimos somos los periodistas” es la frase que elige Mauro Federico para cerrar. Se la dice siempre su colega y amigo, Santiago O´Donnell. La elige claramente porque se siente vivo como periodista, también porque en su espíritu docente busca dejarnos un mensaje y porque cuando hablaba en el comienzo de sus grandes amores humildemente omitió mencionar esta maravillosa profesión a la que día a día le brinda todo su esfuerzo y dedicación.

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