Es Tuyo, del Barrio, de Todes

Violencia política y hostigamiento en redes

La violencia contra Ofelia Fernández es minuciosa, sistemática y desde el anonimato. Desde cuentas falsas, con un discurso misógino y construido desde las sombras, otra vez vivió un ataque político.

Por mujer, por militante. Por joven y feminista. Porque baila, por lo que se pone. Por la ropa y el pelo. Por el cuerpo. Por su sueldo. La cuestionan por todo aquello que nunca le cuestionaron a un hombre. La cuestionan, la agreden y violentan. A Ofelia la amenazan de muerte, la amenazan con violarla, descuartizarla.

La cultura de la violación.

La legisladora porteña es el blanco del Frente de Todxs en las redes sociales. La misoginia desde el anonimato de las redes sociales donde la impunidad parece ser siempre posible. La humillación, la retórica de la corrección y el adoctrinamiento. Presa de sus palabras y silencios. Machismo.

A diario recibe agresiones. No se trata de una respuesta a sus dichos, se trata de coerción y sometimiento. Le piden que se calle, que no hable. Le señalan una y otra vez que lo que pasa a su alrededor es su culpa.

Esta vez en un pedido de visibilización por Fatima. Fatima es una mujer que fue sorprendida por su ex pareja, quien la esperaba escondida en el baño. La golpeó hasta dejarla inconsciente y la salvaron sus vecinos, pero sigue en riesgo porque la justicia nada dice ni hace.

¿La violación es un premio? ¿Un violador viola porque lo mereces? ¿Somos dignas de ser violadas y, en realidad, se trata de un premio? ¿Hay que agradecer el sometimiento?

Estamos hartas.

En un país donde una mujer es víctima de un femicidio cada 29 horas no hay lugar para estos escenarios. No hay lugar porque el silencio no será su prioridad. Nunca más un sistema machista, patriarcal de varones con la masculinidad tan frágil e insolvente va a limitar nuestra militancia política.

Estamos hartas y no vamos a reproducir la praxis de quienes nos violentan. Detrás de una pantalla, con los dedos asqueados olor y con el pene erecto de odio. Agreden para un otro, construyen la visión política de que las mujeres, las jóvenes y las disidencias somos un soporte. Pero somos más que eso. Somos miles trabajando en red, enredadas. Militando nuestros derechos de ser, de estar y vivir con la plenitud que nos negaron décadas.

Nunca más van a tener el lujo de nuestro silencio.

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