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Soledad Acuña: Entre el estigma y el desprestigio de la política

La ministra de Educación porteña, Soledad Acuña, se viralizó en redes sociales tras apuntar contra la formación docente y la "militancia política". Además, invitó a denunciar supuestos casos de "bajada de línea".

Otra vez los Institutos de Formación Docente son el centro de las críticas del Gobierno porteño. Soledad Acuña, ministra de Educación, criticó la formación docente y apuntó contra las maestras en un ciclo organizado por el diputado Fernando Iglesias. Sin ningún tipo de pudor, invitó a los padres a denunciar a los docentes que hacen una «bajada de línea».

También señaló que los docentes son “cada vez más grandes de edad, que eligen la carrera docente como tercera o cuarta opción luego de haber fracasado en otras carreras. Además, aseguró que suelen pertenecer a niveles socieconómicos bajos, es decir, “en términos de capital cultural” ofrecen contenido de peor calidad.

“La virtualidad nos permitió como oportunidad que las familias se sienten a mirar lo que pasa adentro del aula con la educación de sus hijos. Hasta este momento lo que pasaba en el aula cuando el docente cerraba la puerta quedaba entre los chicos y el docente. Era difícil enterarte”, dijo Acuña. «Si nosotros no tenemos denuncias concretas de las familias es muy difícil que podamos intervenir», agregó.

Señaló una y otra vez «insisto, tenemos que mirar cómo estamos enseñando, quiénes enseñan y cómo aprenden a enseñar”.

«Soledad Acuña vuelve a agredir a la comunidad educativa»

Así se titula el comunicado que lanzó la CTA Ciudad tras los dichos de la ministra. Advierten que «Acuña, responsabilizó a toda la docencia de la Ciudad por las falencias del sistema educativo y convocó a las familias a denunciar docentes. No conforme con ello, menosprecia la labor de las y los docentes con un discurso clasista y misógino acusándolos de «fracasados» y “carentes de capital cultural (que) nunca llegarán a la universidad”.

Asimismo, se refirieron al fracaso de las burbujas en las escuelas y al maltrato que recibieron «6.500 estudiantes a quienes les negaron conectividad y las notebooks». Además de apuntar contra la ministra de Educación porteña, señalaron a Horacio Rodríguez Larreta.

Por último, reivindicaron «la gesta educativa llevada adelante por docentes y la comunidad educativa, que debieron reinventarse con sus propios recursos para poder sostener la continuidad pedagógica». Y señalaron que todo ese esfuerzo quedó invisibilizado «por quien solo pretende utilizar la palabra Educación como trampolín de su propia carrera política».

La escuela y la política, ¿dos caminos separados?

Históricamente se presentó a la escuela como un espacio «despolitizado», un lugar donde la política no puede entrar. La política tratada como una cuestión que, de alguna forma, se banalizó y transformó en el enemigo común del poder.

Sin embargo, hace varios años atrás se determinaron dos situaciones: ni la escuela estaba exenta de la política, ni la política es una herramienta que destituya el ser y sentir de los y las pibes. De hecho, a finales de los ’60 y principios de los ’70, Althusser señaló que la escuela responde a una ideología predominante. Así es como nos enseñaron a mirar el mundo.

Qué miramos y cómo miramos lo aprendimos en el día día, en espacios comunes que nos brinda la familia, nuestros círculos sociales, la religión, la propia escuela. La escuela nunca fue ni será neutra, tampoco objetiva. Los docentes tampoco podrían serlo porque cuentan con subjetividad propia, historia de vida, conocimientos previos. El diseño curricular es un consenso social. Un grupo de personas lo piensa, lo corrige, lo transforma. Entonces, ¿Cuál es la política que molesta?

Molesta que se hable de los cuerpos, del género y de prevención; molesta desde el adultocentrismo que espera que los niños y niñas se mantengan en silencio y reproduzcan el orden de las cosas. Incomoda la historia reciente. Fastidia el reconocimiento de los derechos sociales y culturales. Amarga la retroalimentación educativa. Y, sobre todo, olvidan que en las escuelas pasa mucho más que brindar una materia, dar tareas y mandar a los pibes a casa.

Ante esta situación, en lugar de preguntarse cómo podemos pensar otro tipo de educación donde se pueda garantizar el acceso y la educación de calidad, buscan a quien culpar. No hay autocrítica, no hay consenso. Hay estigma, desprestigio y desinformación.

 

 

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1 comentario
  1. BERTO DE PP dice

    OTRA LACRA MACRISTA…UN ASCO ESTA MINA….PUAJJJJJJJJJ

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