Máximo Kirchner llamó a reconstruir una mayoría popular: «Queremos a Cristina candidata y no candidatos por default»
Ante una Parque Lezama colmado de dirigentes, vecinos y militantes, el diputado nacional reivindicó el liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner, cuestionó el modelo económico de Javier Milei y dejó una definición que atravesó toda la jornada: "Queremos tenerla a Cristina de candidata y no a candidatos por default".
Las banderas flameaban desde temprano. Columnas de organizaciones políticas, sindicales, estudiantiles y territoriales fueron poblando el histórico Parque Lezama hasta convertirlo en una postal del peronismo: miles de personas reunidas alrededor de una misma referencia política, Cristina Fernández de Kirchner.
En ese escenario, y con la ex presidenta convertida una vez más en el centro gravitacional de la política argentina, Máximo Kirchner tomó la palabra para desplegar un discurso que combinó definiciones económicas, cuestionamientos al gobierno de Javier Milei, autocrítica partidaria, defensa de la unidad y una reivindicación emotiva de la figura de Cristina.
La frase que quedó resonando entre la multitud no tardó en llegar: «Queremos tenerla a Cristina de candidata y no a candidatos por default».
No fue una expresión aislada. Fue la síntesis de un acto atravesado por una convicción que recorre amplios sectores del peronismo: la idea de que Cristina sigue siendo la dirigente con mayor capacidad para representar una alternativa frente al proyecto político y económico que encarna Milei.
El debate sobre el ajuste
Uno de los momentos más fuertes del discurso estuvo vinculado al relato oficial sobre el equilibrio fiscal.
Mientras el Gobierno celebra el ajuste como principal logro económico, Máximo recordó que los gobiernos de Néstor y Cristina también sostuvieron superávit fiscal, aunque bajo una lógica completamente diferente.
«No hay período de años consecutivos más grande en la historia argentina de equilibrio fiscal que el de los gobiernos de Néstor y Cristina.»
La diferencia, sostuvo, radica en quién paga los costos de ese equilibrio.
«¿De qué te sirve el equilibrio fiscal si los hospitales se te caen a pedazos? ¿De qué te sirve el equilibrio fiscal si las rutas son cada día más peligrosas?»
Para el diputado, el desafío no pasa por ajustar cuentas sino por recuperar una idea central del peronismo: la justicia social.
«En Argentina lo que tiene que volver a haber es justicia fiscal para que haya equilibrio social.»
La definición aparece en un contexto marcado por el deterioro del poder adquisitivo, la caída del consumo, el retroceso industrial y el desmantelamiento de áreas estratégicas del Estado.
Cristina es la conducción…

A lo largo de su intervención, Máximo volvió una y otra vez sobre la figura de Cristina Fernández de Kirchner. La presentó como una dirigente que nunca cedió frente a las presiones del poder económico y reivindicó algunas de las decisiones más trascendentes de los gobiernos kirchneristas: la recuperación de las AFJP, Aerolíneas Argentinas, YPF y la defensa de los recursos estratégicos del país.
«Nunca va a dar la manito, nunca va a mover el rabo con docilidad ni va a hacer el muertito ante el poder económico.»
La frase fue celebrada por una plaza que respondió con cánticos y aplausos.
Para Kirchner, las causas judiciales contra la ex presidenta forman parte del precio político que debió pagar por haber impulsado transformaciones estructurales que afectaron intereses económicos concentrados.
Unidad sí, pero para qué
Otro de los ejes centrales del discurso fue la discusión sobre la unidad del campo nacional y popular.
Máximo rechazó las acusaciones que suelen señalar al kirchnerismo como un obstáculo para la construcción de consensos y recordó que fue Cristina quien, en 2019, resignó una candidatura presidencial propia para facilitar la conformación de un frente amplio.
«Nadie más que nosotros quiere la unidad del campo nacional y popular.»
Sin embargo, planteó que la unidad no puede transformarse en un fin en sí mismo.
Detrás de esa definición también apareció una reflexión sobre las tensiones internas del peronismo y sobre la necesidad de evitar disputas estériles cuando el país atraviesa una crisis profunda. En ese sentido, reivindicó las decisiones que permitieron evitar internas que sólo hubieran debilitado al movimiento y sostuvo que la prioridad debe ser construir una alternativa capaz de mejorar la vida de la sociedad.
La deuda y los límites del modelo
Kirchner también apuntó contra el endeudamiento externo y particularmente contra el acuerdo firmado por Mauricio Macri con el Fondo Monetario Internacional.
Recordó que los miles de millones de dólares ingresados al país no se tradujeron en obras, escuelas, viviendas ni infraestructura productiva.
«No hay manera de que la mayoría de los argentinos y argentinas vivan mejor si la deuda externa argentina no es reestructurada.»
La afirmación buscó instalar un debate que atraviesa históricamente al peronismo: la imposibilidad de sostener un proyecto de desarrollo nacional mientras gran parte de los recursos del Estado se destinan al pago de compromisos financieros externos.
La emoción de hablar de Cristina
Sobre el final, el discurso abandonó por unos minutos la discusión económica y política para ingresar en un terreno más personal. Máximo habló de su madre, y la emoción inundó la Plaza.
Contó que no fue la típica madre que esperaba a sus hijos a la salida de la escuela ni la que preparaba cumpleaños familiares. Pero aseguró que fue quien le enseñó el valor de la dignidad y quien asumió la responsabilidad de conducir al país después de la muerte de Néstor Kirchner.
«Esa mujer es la que muchos queremos votar. Esa mujer es la que muchos queremos tener de vuelta en la Casa Rosada.» La plaza respondió de pie.
Una plaza con mensaje político
El acto de Parque Lezama dejó mucho más que una serie de definiciones coyunturales.
Fue una demostración de capacidad de movilización, un respaldo explícito a Cristina Fernández de Kirchner y una señal hacia el interior del peronismo.
Mientras el gobierno de Javier Milei profundiza un modelo basado en el ajuste, las privatizaciones y la transferencia de ingresos hacia los sectores más concentrados de la economía, el kirchnerismo volvió a poner sobre la mesa una discusión de fondo: quién gobierna, para quién se gobierna y quién está dispuesto a enfrentar a los poderes que condicionan el destino del país.
Y en esa discusión, al menos para la multitud que colmó Parque Lezama, el nombre que vuelve a emerger es uno solo: Cristina Fernández de Kirchner.
De Parque Lezama a San José 1111
La jornada no terminó cuando concluyó el discurso de Máximo Kirchner. Apenas finalizado el acto, una multitud comenzó a desplazarse de manera espontánea hacia San José 1111, donde Cristina Fernández de Kirchner cumple prisión domiciliaria. Lo que inicialmente parecía una desconcentración se transformó en una extensa caravana popular que recorrió las calles porteñas entre cánticos, banderas y muestras de apoyo a la ex presidenta.
«No quiero concluir hoy, sin traerles aparte el saludo de la compañera Cristina. Miren, ustedes no saben, ni imaginan, la alegría que le da cuando usteden la van a ver. No saben ni imaginan cómo disfruta cada bocinazo que llega desde la calle, una mañana, una tarde o una noche.» había dicho Máximo Kirchner al finalizar el discurso, y la militancia se hizo eco.
La movilización tuvo un fuerte contenido simbólico. Miles de personas buscaron hacerle llegar su respaldo a Cristina pese a los intentos de distintos sectores del Poder Judicial por restringir o desalentar este tipo de expresiones populares. Durante semanas, las inmediaciones de San José 1111 se convirtieron en un punto de encuentro para militantes, dirigentes, organizaciones sociales y ciudadanos que encuentran en la ex mandataria una referencia política central. Lejos de diluirse, esa presencia volvió a hacerse sentir tras el acto de Parque Lezama, en una demostración multitudinaria que confirmó que la figura de Cristina continúa ocupando un lugar central en la escena política argentina.
Los bocinazos, los aplausos y los cánticos que acompañaron la caravana parecieron dialogar con una de las frases más emotivas pronunciadas por Máximo durante su discurso, cuando reveló la alegría que le provoca a Cristina cada muestra de afecto que llega desde la calle. La marcha hacia San José 1111 terminó funcionando así como una prolongación natural del acto: una expresión colectiva de respaldo político y también de cercanía humana hacia quien sigue siendo, para amplios sectores del campo nacional y popular, la principal dirigente de la oposición al gobierno de Javier Milei.
La respuesta de ¿Clarín? no tardó en llegar.

La repercusión del acto no tardó en llegar. Apenas terminada la movilización, distintos medios nacionales pusieron el foco en la figura de Máximo Kirchner y en el lugar que ocupa dentro de la estrategia electoral del kirchnerismo.
La operación más evidente fue la que expuso Clarín, que volvió a insistir sobre un argumento recurrente en su cobertura política: el supuesto nivel de rechazo electoral del dirigente de La Cámpora. A través de distintas «encuestas» difundidas en los últimos años, el matutino sostuvo que Máximo Kirchner se encuentra entre los dirigentes con peor imagen del escenario político nacional e incluso publicó relevamientos en los que aparecía como el dirigente con «mayor rechazo electoral del país». Dirigente que evidentemente preocupa a ciertos sectores del poder que encuentran en un sector del peronismo el terreno para intentar llevar adelante sus sueños mas profundos: sacar a Cristina del medio.
La lectura del grupo mediático contrastó con la imagen que dejó Parque Lezama. Mientras desde sus páginas se subrayaban los supuestos límites electorales del Diputado Nacional, en la plaza miles de personas lo escuchaban reivindicar la candidatura de Cristina Fernández de Kirchner, cuestionar el programa económico de Javier Milei y convocar a reconstruir una mayoría política capaz de enfrentar el ajuste.
La tensión entre ambas miradas volvió a poner en evidencia una disputa que atraviesa buena parte de la política argentina: la distancia entre las encuestas que circulan en los grandes medios de comunicación y la capacidad de movilización que conserva el kirchnerismo en las calles y penetra en un gran sector de la sociedad.
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