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Hasta siempre Taty: la madre que transformó el dolor en una lucha colectiva

La despedida a Taty Almeida se realiza hoy lunes en la sede de la Federación de Obreros y Empleados Telefónicos de la República Argentina (FOETRA)

Hay personas cuya vida trasciende la dimensión individual para convertirse en símbolo de una época. Taty Almeida fue una de ellas. Histórica referente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, falleció este domingo a los 95 años, dejando un legado inseparable de las banderas de Memoria, Verdad y Justicia que marcaron la historia reciente de nuestro país. Hoy la despedimos en FOETRA desde el mediodía.

Nacida como Lidia Stella Mercedes Miy Uranga, el 28 de junio de 1930, Taty había llevado una vida alejada de la militancia política. Era maestra, madre de familia y provenía de un entorno profundamente ligado a las Fuerzas Armadas. Pero el 17 de junio de 1975, todo cambió para siempre.

Su hijo, Alejandro Almeida, de apenas 20 años, estudiante de Medicina y trabajador de la agencia estatal Télam, fue secuestrado y desaparecido por la organización parapolicial Triple A. Nunca volvió a verlo. La búsqueda desesperada de respuestas la condujo, años después, a encontrarse con otras mujeres que compartían el mismo dolor y la misma determinación: las Madres de Plaza de Mayo.

Desde entonces, Taty convirtió la ausencia en presencia activa. Transformó la tragedia personal en una causa colectiva. Marchó cada jueves alrededor de la Pirámide de Mayo, denunció la impunidad, acompañó los juicios por delitos de lesa humanidad y llevó la voz de las Madres a escuelas, universidades y espacios de militancia de todo el país.

A diferencia de otras figuras que eligieron el silencio frente al paso del tiempo, Taty nunca dejó de involucrarse en los debates del presente. Defendió los derechos humanos como una construcción integral, denunció las desigualdades sociales y sostuvo que la democracia debía ser mucho más que un mecanismo electoral.

«La única lucha que se pierde es la que se abandona», repetía parafraseando al «Che» como una filosofía de vida. Esa frase, convertida ya en una consigna popular, resume buena parte de su recorrido.

La noticia de su fallecimiento generó una inmediata conmoción en el ámbito político, sindical y social. Referentes de distintas extracciones ideológicas la despidieron reconociendo en ella a una figura imprescindible de la democracia argentina. Gobernadores, organismos de derechos humanos, dirigentes sociales y miles de ciudadanos anónimos expresaron su dolor y agradecimiento por una vida dedicada a la búsqueda de justicia.

Taty fue también una mujer capaz de revisar sus propias convicciones. Ella misma relató en numerosas entrevistas que, antes de la desaparición de su hijo, había tenido una mirada distante respecto de las denuncias sobre el terrorismo de Estado. La búsqueda de Alejandro la obligó a enfrentarse con una realidad que desconocía. Y fue precisamente esa transformación la que la convirtió en una voz tan potente: porque hablaba desde el amor, pero también desde el aprendizaje.

Durante décadas, su pañuelo blanco fue sinónimo de resistencia. En cada 24 de marzo, en cada audiencia judicial, en cada acto por los derechos humanos, allí estaba Taty, con su sonrisa cálida y su firmeza inquebrantable.

La relación de Taty Almeida con Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner estuvo marcada por el reconocimiento mutuo y el acompañamiento en las políticas de derechos humanos impulsadas desde 2003. Taty destacó en reiteradas oportunidades la decisión del expresidente Néstor Kirchner de impulsar la nulidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, así como de promover la reapertura de los juicios contra los responsables del terrorismo de Estado.

También valoró el proceso de recuperación de los sitios de memoria y la centralidad que la agenda de derechos humanos adquirió durante los gobiernos kirchneristas. Con Cristina mantuvo una relación de cercanía política y afectiva, participando en numerosos actos y expresando públicamente su respaldo frente a la persecución judicial y proscripción. Sin abandonar nunca la autonomía histórica de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Taty sostuvo que los gobiernos de Néstor y Cristina representaron un punto de inflexión en la política argentina respecto de las demandas de los organismos de derechos humanos.

Su muerte ocurre en un contexto en el que vuelven a emerger discursos negacionistas que relativizan el terrorismo de Estado. Frente a esas expresiones, su vida adquiere una dimensión aún más significativa. Porque Taty no solo luchó por encontrar a su hijo. Luchó para que ninguna sociedad vuelva a naturalizar el horror.

Se va una Madre. Se va una mujer que hizo de la memoria un acto cotidiano. Pero quedan su ejemplo, sus palabras y una enseñanza que atravesó generaciones enteras: la democracia se construye con verdad, con justicia y con compromiso.

La despedida a Taty Almeida se realiza hoy lunes en la sede de la Federación de Obreros y Empleados Telefónicos de la República Argentina (FOETRA), uno de los espacios con los que mantenía un estrecho vínculo afectivo y político. Familiares, integrantes de organismos de derechos humanos, dirigentes sindicales, referentes políticos y cientos de personas se acercan para darle el último adiós a quien se convirtió en una de las voces más firmes en la defensa de la memoria, la verdad y la justicia. El velatorio se extenderá durante gran parte de la jornada para permitir que el pueblo pueda despedir a una mujer que hizo de la lucha colectiva una forma de vida.

Taty Almeida ya forma parte de esa memoria colectiva que ayudó a defender durante más de cuatro décadas. El mejor homenaje es recoger la posta de aquello que nunca dejó de repetir: La única lucha que se pierde es la que se abandona.

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