Es Tuyo, del Barrio, de Todes

Un triste abandono

No conozco casos sin inconvenientes con las coberturas en la discapacidad. Y esta situación se agravó durante la pandemia. La ausencia de rutinas atenta contra la estabilidad de nuestros hijos. Lo más comprometido se produce con las obras sociales, empresas de medicina prepagas y seguros de salud provinciales, ya que dejan de lado sus obligaciones escudándose en las confusas resoluciones administrativas.

 

Escribo como madre y abogada, porque me provoca mucha impotencia lo que sucede en este momento. A medida que avanza esta etapa de aislamiento social o de distanciamiento, según el lugar del país, el abandono en la discapacidad crece. 

Es imposible sostener que las prestaciones se pueden disminuir o suspender. Mucho menos pensar en contener a una persona con discapacidad sin la formación y sin los apoyos específicos de los equipos terapéuticos. Los padres tenemos nuestra función y no podemos cubrir las necesidades o el programa de rehabilitación, ya que los roles son diferentes, las rutinas y las personas. 

Pero esta realidad parece totalmente desconocida por las obras sociales, principalmente por la empresas de medicina prepaga o por los seguros de salud provinciales. Llegan al punto tal, de reducir la cantidad de prestaciones autorizadas para el año en curso, situación a la que nos cuesta llegar con tanta documental y burocracia. Las demoras o atrasos injustificados en los pagos a los prestadores, también perjudican la continuidad de las terapias, o el pago por reintegro por debajo de los valores establecidos en el nomenclador oficial. 

La simple cobertura está puesta en peligro, sin mencionar los reclamos por terapias no nomencladas, que no se actualiza al avance de las investigaciones en rehabilitación. Esto lleva a una acción de amparo para lograr coberturas “especiales”, que nada de especiales tienen, pero sí mucho de necesarias.

 

Otra batalla mas

La dinámica familiar con la discapacidad no es fácil, a lo que se suma una burocracia en exceso. La demanda constante de documentación para avalar pedidos de prestaciones, de medicación o de simples reintegros (porque los prestadores de cartilla no son especialistas), lleva mucho tiempo, dedicación y energía. Es la energía que quisiera dedicar a mis hijos o a mi misma, pero no sucede así. Hace un tiempo leí un fallo en donde se condenaba a la demandada, una obra social, a indemnizar a una afiliada en concepto de daño moral, por la excesiva burocracia en sus trámites e infundados rechazos.

Me resulta totalmente injusto llegar a este punto, en el cual si cuentas con los medios económicos, tus derechos se van a tutelar, de lo contrario, vas a quedar sin los derechos reconocidos. 

En este momento histórico mundial, y totalmente atípico para todos, se siguen aprovechando de los más débiles. Y curiosamente, los más débiles, son aquellos que tienen consagrados derechos en todo el mundo. Ironía de la vida o de un sistema que no resulta suficiente.

No lo sé, pero lo que sí sé es que muchas familias, y principalmente madres, pelean a diario por la cobertura de las terapias de rehabilitación de sus hijos, por la cobertura de medicación para que puedan estar mejor o simplemente para que puedan seguir viviendo. Las madres luchan por una enfermera las 24 hs, ante una obra social que reduce la cantidad de horas para pagar menos… sin mirar su realidad y su pedido médico. Abusos de todos lados. Las personas con discapacidad en el medio, y las cuidadoras con otra lucha más, otra batalla que se suma a las tantas que como mujeres seguimos dando.

 

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